EnCanto Sur

EnCanto Sur

Suena primero Lorca, palabras en el aire y silencio. Patria de la poesía. Movimiento de baile, brazos y piernas, respiración contenida. Se va llenando el ambiente de versos, de recitado y cante sin música. La luna preside el fondo oscuro y se produce un encuentro entre poemas, flamenco, palabras cantadas, silencio de lucha.

También los colores hablan. Negro, blanco, rojo. Telas fecundas que ocupan su espacio, sangre, noche, luz de mediodía.

Enmudece el aire para dejar oír además de a Lorca, a José Agustín Goytisolo, a Benedetti, a Alfonsina y el mar, la Tarara, la voz popular, el taconeo y las palmas, diálogo de música, baile y poesía.

Sarini Nieto interpreta con el cuerpo, siente con las manos y los pies, la mirada habla, corazón galopante de pasión sin medida.

Mariana Taranto, voz sin sombras, nos abre al mundo del aire de los versos, la copla hecha persona, desgarradora emoción de transparentes poemas con los que nos guía y reconforta.

Celia Morán lo estructura y le de forma. La que da los detalles precisos, aunque pasen desapercibidos, es el silencio, la pausa versal, la presencia que no se nota.

EnCanto Sur, una propuesta real y cierta, “no puedes volver atrás porque la vida ya te empuja como un aullido interminable”, que no acabe esta simbiosis de arte, poesía, baile, espectáculo de esfuerzo y sentimiento enraizado en nuestra cultura en el teatro de La Encina.

El teatro y los musicales ¡también son para niños!

El teatro y los musicales ¡también son para niños!

El ocio y la cultura casi siempre van de la mano, y para aquellos que les gusta disfrutar de las dos cosas a la vez, encontrará en Madrid las oportunidades perfectas.

En los últimos años la capital ha vivido un resurgir del teatro y de la música que ha llenado las calles de coloridos carteles y las butacas de una audiencia encantada con este despertar. Pero Madrid no es únicamente una ciudad para adultos, por su amplia y variada oferta de ocio también cuenta con muchas opciones para los más pequeños de la casa, para los cuales, además de ser una forma de diversión, también les aporta grande beneficios en su desarrollo.

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Tres sombreros de copa

Tres sombreros de copa

¡Capullito de alhelí y de azucena! ¡Es usted un bohemio! ¿Me da usted el brazo, patitas de bailaora?

Volver a visitar a Miguel Mihura. Entrar de nuevo en su habitación de Tres sombreros de copa y que sea él, el que descoloque todo y lo ponga patas arriba. Con su ingenio desbordado que no es tan absurdo ni descabellado. Con su ocurrencias humorísticas y nostálgicas en las que habla de soledad y libertad de expresión. En las que critica a su manera las convenciones sociales y lo política o socialmente correcto.

Tres sombreros de copa ya es un clásico. Se estrenó veinte años después de escribirse en 1932 como una novedad casi irrepresentable en la que muy pocos creían. Lo tildaban únicamente de locura. Hasta que, de manera velada e imperceptible, va arraigando como montaje no solamente cómico. Porque es una comedia sincera, espontánea, con emoción, con desparpajo, con vida propia, como diría el propio Mihura, con ritmo y “hasta con una cadencia especial que sonaba a verso”. Escrita con amor y melancolía.

Hasta que empieza a leerse en los cursos de bachillerato, los grupos de aficionados comienzan a tomarla como instrumento para sus prácticas teatrales y llega a formar parte del repertorio de muchas compañías. Es decir, se convierte en clásico e imprescindible. 

Y el acierto de este montaje de Natalia Menéndez, cuyo padre, Juanjo Menéndez protagonizó en el primer estreno dirigido por Gustavo Pérez Puig en 1952, es que acoge las características que buscaba y quería don Miguel. Sin exageraciones. Sin hacerse el gracioso, porque el humor ya está implícito y, además, hay que darle la ternura necesaria, la emoción no sobreactuada.

Esto ocurre con la Compañía del Centro Dramático Nacional, en la que todo el elenco acepta esa premisa de no desvirtuar grotescamente al personaje y lo interpretan limpiamente, con cariño y muchas ganas.

Pablo Gómez-Pando está francamente notable, es el Dionisio perfecto, tímido sin barroquismo a la contra, suficientemente emocionado, expresando esa frustración de no hacer lo que realmente le pide el cuerpo. En cuanto a Paula, Laia Manzanares, no le va a la zaga, se muestra casi más ingenua e infantil que el original, se la ve desvalida y sola como se exige este personaje. El resto, profundamente entregados, destacando a Arturo Querejeta que llena el escenario con su sola presencia. Tusti de las Heras, Roger Álvarez, César Camino,… imparables e incontenibles, fiel reflejo del espíritu innovador de una obra que nunca podremos dejar de verla.

Jódete y crece

Jódete y crece

Tanta veces oigo comentarios sobre las nuevas generaciones…, que no tiene aliciente por nada, que no leen, que están desinteresados por la política y más por la economía, que se mueven en un mundo de inestabilidad emocional inaudita, que si simplemente transgreden la norma para divertirse, que si no tiene expectativas, que solo piensan en el sexo y en la bebida, que en qué manos vamos a dejar esta sociedad de consumismo y desarraigo.

Sin embargo, otras muchas tantas veces veo y constato que hay jóvenes que luchan precisamente por cambiar esa concepción de la vida fácil y se plantean retos y quieren producir, crear, que están concienciados con que no se puede continuar por la senda del todo vale y que me lo den todo hecho. Al contrario, saben lo que quieren y pretenden conseguirlo, aunque no se vengan abajo a la primera de cambio, o cambien el protocolo de actuación, o no se atengan a lo comúnmente establecido.

En Jódete y crece, de Juan Pablo Cuevas, se nos plantean muchas de estas cuestiones. Esos jóvenes que, sin negar su derecho a divertirse, deben enfrentarse a noes en la búsqueda del empleo, a negaciones en el reconocimiento de sus valías y valores, a noes en los créditos, incluso a noes en sus relaciones personales. Y así, van cambiando de parecer, denotan inseguridad en algunos momentos, y aunque no buscan acomodo sí quieren bienestar como es lo lógico, y van encontrando puertas cerradas y desestructuran sus hábitos pareciendo, a veces, que no saben lo que quieren.

En este texto se habla, se dialoga, se duda, se emocionan, descubren, viven, sienten y padecen. Es decir, se joden y crecen, porque nadie les va a sacar las castañas del fuego ni ellos quieren. Quieren hacerse valer y si, además, tienen sexo, y locura, e ilusiones, entonces es cuando demuestran que no son eso, parias que viven de la sopa boba de los padres.

Alejandra Martínez de Miguel lo dirige con una escenografía explícita de una cama, que puede ser símbolo no solo de amores de pareja y triangulares, sino de espacio de soledad donde uno piensa en voz alta lo que le preocupa, símbolo también de los sueños que pretenden.

Lo interpretan muy solventemente el propio Juan Pablo Cuevas, junto con Bárbara Valderrama y Manel Hernández, los tres con la frescura necesaria, con diálogos ágiles y monólogos más que sobresalientes, donde nos implican a los espectadores para que tomemos conciencia de que la realidad también puede ser teatral, cómica, dramática, cercana y desafiante.

Carmina Burana

Carmina Burana

Cantos de goliardo, poemas de amor, de erotismo, de sensualidad, de exultante composición musical, de grandiosa puesta en escena, de luces y sombras, de imágenes oníricas y simbolismo, de agua, infierno, aire, de ninfas, de prosaica naturaleza,…

Montaje desgarrado y poético, tremendo en sus voces y en su ejecución musical, amable y despótico, suavidad y violencia. Hay elegancia expresiva en todos los lenguajes utilizados. Mientras la ópera de Carl Orff se va haciendo viva, necesaria para los oídos, las escenas se suceden entre mito, edad media y actualidad en los iconos utilizados, y la voz del coro, de la soprano, del contratenor, de los barítonos, se nos cuelan en el corazón ante el asombro de tan admirable espectáculo de La Fura dels Baus, que no deja indiferente porque es una constante sorpresa.

Carmina Burana, los textos, presentan un variado abanico de temas y formas de composición. Hay poemas satíricos, amorosos, de taberna, mezclados con la llamada a la religión, citas bíblicas, e incitación a vivir al margen de reglas, libres y despreocupados, errantes y mendicantes de buen vino, sexo y monedas.

Carmina Burana de Carl Orff, es una cantata compuesta entre 1935 y 1936 en la que destacan la percusión y la repetición de melodías que para nada se hacen monótonas, al contrario, se nos hacen amoldables al oído y con el ritmo variado y las voces perfectamente coordinadas nos llegan al sentimiento interno a través de la venas.

Carmina Burana de La Fura dels Baus, es espectáculo en su totalidad. Orquesta en directo, espacio que también “invade” el patio de butacas, la luna sufriente, el cambio climático con el deshielo, cascadas de agua que refrescan a las ninfas, tabernas y asados humanos, el fuego del infierno y el agua roja de uva y sangre, corazones palpitantes, carmín para los labios, los fuegos artificiales y el carpe diem, vive el momento y disfruta de todos los sentidos.

Y eso es lo que hacemos, disfrutar con todos los sentidos de un montaje novedoso, deseando más, queriendo que empiece de nuevo para no perdernos detalles que en una sola visión nos pasan desapercibidos.  “Ven, ven, amigo mío, ardientemente te ansío; ardientemente te ansío, ven, ven, amigo mío”.

Por los pelos

Por los pelos

Puede que usted haya sido testigo de un crimen y lo llamen a declarar en cualquier momento. O que sea seleccionado como parte integrante de un jurado popular para determinar la culpabilidad o inocencia de ciertos acusados o sospechosos. Puede, simplemente, que le gusten las historias de misterio, las novelas de suspense donde hay asesinatos y un investigador que de forma sorprendente da con el asesino. Puede, aún más sencillamente, que le guste el teatro, más concretamente la comedia, y quiera ser partícipe, al menos indirectamente, de uno de esos montajes.

Pues en Por los pelos de Paul Pörtner tendrá de todo eso. Usted puede ser investigador, colaborador con la policía, jurado que dictamine su veredicto,… pero ¡ojo!, que también lo pueden declarar sospechoso e, incluso, Usted puede ser el asesino (¿recuerdan la comedia de Alfonso Paso?)

Con un guion suficientemente solvente como para ser la comedia más representada de la historia de Estados Unidos, eso dicen, pero, a la par, con los flecos abiertos para que los actores puedan improvisar en función de las opiniones, preguntas y comentarios de los espectadores, hilan esta comedia de Cluedo, este argumento tipo Agatha Christie humorístico, este texto de misterio, adaptado y versionado por Santiago Sánchez, donde nada es lo que parece, donde todos ocultan algo y donde cualquier personaje puede ser el asesino. Eso dependerá del público que vaya esa tarde. Bien pensado. Así nadie puede desvelar el final.

El elenco, encabezados por Juan Gea, como inspector, que también resulta sospechoso, no por cómo lo interpreta sino porque ya vemos motivos hasta en sus gestos, pasando por su ayudante, y las cuatro almas cándidas que, aunque no tienen perfecta cara de asesinos psicópatas, harán que con sus acciones y palabras, nos estemos preguntando quién ha sido o, incluso, si hasta habrá víctima. Carles Castillo, Marta Chiner, Rafa Alarcón, Lola Moltó y Carles Montoliu, que se integran con el público o se enfrentan a él. Y eso los hace cercanos y como consecuencia querramos perdonarles la condena. Tan solo no me agradaron ciertas alusiones políticas que no venían al caso, aunque el personaje se preste a ello. Hay que cuidar ciertas formas, pues los espectadores somos muy variados y alguien puede sentirse ofendido. Al fin y al cabo, lo que queremos es diversión, cultura, entretenimiento, ingenio, tolerancia, libertad. Y una buena comedia para pasar un rato y reírnos.

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