Los teatros son capaces de acoger milagros. Son espacios por donde la vida pasa: la antigua, la actual, la imaginada. Escenarios de realidad y ficción, de penas y alegrías, de sentimientos y emociones. De denuncia y entretenimiento, de esparcimiento y de memoria. Nos ofrecen su abrigo y su desnudez, la palabra y el silencio, la danza, la música, el drama, la comedia.

Entramos en la intimidad de otros personajes, en la externalización de los sentidos. Y uno de esos milagros se está produciendo en el escenario del Gran Teatro Príncipe Pío, en la estación del Norte, donde se cruza el pasado y el presente, lo que fue, pero puede seguir siendo.

En ese cobijo, podemos ver de nuevo, casi tangible, a una de las más grandes artistas mundiales del soul, del góspel, del rhythm and blues, del pop. Músicos en directo, coreografías en directo, espectadores en directo, ambiente en vivo, frescura de luces y sonido espectacular, y un fondo en negro en el que, de repente, aparece la cantante, Whitney Houston, en todo su esplendor. No es solo su recuerdo, no es solo su voz, no es solo su imagen. Es ella, ahí, hablándonos y, sobre todo, cantándonos. Amparándonos con sus grandes éxitos. Y se nos vuelve a poner la carne de gallina cuando la oímos cantar I Wanna Dance With Somebody, One Moment In Time, I’m Every Woman, My Love is Your Love, So Emotional Baby, Run to You, Saving All My Love ola espectacular I Wll Always Love You, entre otras muchas.

Fuegos de artificio, neones de bienvenida, nubes tormentosas de lluvia que no moja, nada nos confunde, solo tenemos ojos para ella. Solo tenemos aplausos para ella. Solo tenemos nostalgia de ella, que se compensa con este holograma de alta definición que nos eleva con las alas de su espíritu a vivirla de nuevo.

Hay anhelo de pensar que podría seguir ofreciéndonos temas a cada cual mejor y ahora ya solo nos tendremos que conformar con los que conocemos. Pero lo que vemos nos alimenta el alma porque sabemos que ya no nos faltará nunca.

La propia hermana de Whitney Houston ha supervisado el espectáculo, Keith Harris (premio Grammy) es el director musical, Fátima Robinson es la directora de arte y la orquesta del Bankia Gran Teatro Príncipe Pío acomete las añoradas piezas de la cantante que nos dan cobijo en estos tiempos de mascarillas y distancias de seguridad. Un teatro que nos transporta a un gran concierto, a querer darle sentido a que los grandes artistas nunca desaparecen y pueden hacerse, por fin, realidad.

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