Medea es astuta, fuerte, luchadora, atractiva, inteligente, valiente,… y una mujer así atrae a muchos, pero también causa estupor y miedo en otros. Medea tendrá que sobreponerse a inconvenientes. Sabe que su condición de mujer la pondrá en la palestra y deberá sobresalir en este mundo hostil de hombres. Usará sus artes y sus encantos, tendrá que tragarse sus emociones, deberá no amilanarse y urdir estratagemas para no caer en depresiones y hundimientos sentimentales.

Medea perderá a sus seres queridos, pero no puede enterrarse en vida con ellos. Tendrá que esforzarse, arrostrar peligros y enfrentarse a peligros y desprecios.

Medea romperá platos, mas los utilizará en arte. Tendrá que enterrar dolor, pero germinarán satisfacciones. Cada contratiempo será un reto nuevo. Cada pesarosa realidad, tornará en imaginación floreciente.

Coral Ros, cual Medea outside, fuera de sí misma, ideará, escribirá, dirigirá e interpretará a esta nueva mujer que no debe encorvarse por el peso de la responsabilidad y la familia. Parecería que está sola, pero no. Su amiga Laura Garmo la ayudará en la puesta en escena y cada palabra vendrá marcada poéticamente por una historia de claroscuros, de pérdida de la inocencia, de transcurrir para que no se oxide ni el alma ni el cuerpo, ni el pensamiento ni las decisiones.

Medea provista de una potente personalidad, contradictoria, puede ser, pero comprensible, irreverente, mordaz, inquieta, no impasible, mujer engendrada desde las vísceras y el vientre.

Texto denso y contundente. Con un sinfín de registros de la actriz, que se crece por momentos, ante las adversidades y en la intemperie, colándose por las rendijas de nuestra sociedad acomodaticia, empeñada en reír y bailar si le apetece, no importándole el semblante de hiperbólicos prebostes del bien común que vigilan el cauce artificial y desviado de un torrente.

Medea inclemente, que sepulta sus recuerdos, pero que no esconde la cabeza bajo la almohada, que quiere probar el sabor amargo de sus equivocadas decisiones, pero que no se arrepiente.

Hay un horizonte aún, un ramo de flores que crecerá de la tierra de las desdichas, aunque se haya regado con lágrimas, escarcha o agua de la fuente.

A partir de marzo, todos los viernes en El Umbral de la Primavera. Medea, siempre.

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