Lo primero que se me viene a la mente y al recuerdo es aquello de “sana, sanita, culito de rana, si no se cura hoy, se curará mañana”. Y, posiblemente, esto no tenga nada que ver con la siguiente crónica, ni el montaje de Ron Lalá, ni el personaje de Juan Rana, que existió realmente.

Cosme Pérez, el cómico más cómico del siglo XVII, Juan Rana, que vivía en la calle Cantarranas, y del que muchos autores escribieron para él entremeses y textos especialmente concebidos para su destreza cómica y burlesca.

Ron Lalá, con la rigurosidad que les caracteriza y sin perder el humor tampoco, ni el sentido del ritmo ni las canciones y las músicas, nos ofrecen estas Andanzas y Entremeses de Juan Rana en un recorrido divertidísimo de chirigotas, de personajes característicos, de época inquisitorial y, al mismo tiempo, ganas de jarana festiva teatral, de barroco farandulero, de espectáculo de risa y alegre.

Álvaro Tato en su dramaturgia vuelve a poner de su parte los versos necesarios para entrelazar textos de Calderón de la Barca, Agustín Moreto, Jerónimo de Cáncer, Quiñones de Benavente o Antonio de Solís. Y Yayo Cáceres, conociendo a su gente y la idiosincrasia del espíritu “ronlalalero”, imprime frescura, atrevimiento, descaro, desenvoltura, jolgorio, chanza, mojiganga.

Así podemos saber del Juan Rana estatua de sí mismo, cuadro, alcalde, simple o bobo, doctor, poeta, toreador, mujer y parturienta. Sin olvidarse de que la Inquisición lo persiguió, pero lo defendieron amigos y admiradores por ser vos quien sois.

Juan Cañas, Daniel Rovalher, Miguel Magdalena, Fran García e Íñigo Echevarría, con el auspicio de la Compañía de Teatro Clásico, nos cantan, nos interpretan, nos juegan, nos ilustran, nos hacen que pasemos una hora y media con la sonrisa en la comisura de los labios, nos imprimen ritmo, nos dan a conocer a este peculiar personaje que, posiblemente, no tenga nada que ver con el dicho popular arriba mencionado, pero que nos ha producido hilaridad, risa, humor, contento, en estos tiempos en el que las mascarillas no nos dejan reír con suficiente aliento, y entonces está bien que el teatro sirva de sustento, alimento, entretenimiento.

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