Todo el que haya asistido ya a una sesión de Scape Room entenderá sin problemas la angustia, la premura, la necesidad de ir averiguando pistas, abrir candados, compartir ingenio y trabajo de grupo, dejarse llevar por la intuición y remover su escondida cultura.

Para el que no lo haya hecho todavía, nada hay mejor que se ponga en antecedentes viendo esta comedia con visos de drama y trazas de historia de terror e intriga.

Escape Room, (me gusta que lo hayan puesto así, entre castellano e inglés), de Joel Joan y Héctor Claramunt, que también la dirigen, bebe de todos estos estilos. Hay comedia, y mucha, nos hacen pasar un rato muy agradable con unos intérpretes magníficos. (Y aquí me doy cuenta que debiera utilizar el género femenino para no menoscabar el empoderamiento femenino. Es decir, “toda la que haya asistido”, “unas” intérpretes – menos mal, una palabra unisex- “magníficas”). Es broma, vayan a verla y entenderán el guiño. Porque sí,  hay mucho humor y mucha ironía, actualidad y simpatía. Pero, también situaciones dramáticas en cuanto a relaciones personales e, incluso, en cuanto a ideas políticas. Bueno, dramáticas, más bien diría para no tomárselo a risa. Y hay intriga, algo de gore, misterio, miedo, terror, (o canguelo), que mezcla ahí temas como el engaño, la fidelidad, la sinceridad, la confianza, la amistad, el cociente intelectual, el ego, los principios de los ideales, la creatividad y la sabiduría.

Todo está encajado a la mínima. Con detalle y bien planificado. Bien ensayado y mejor puesta en escena de realidad revivida.

Las cuatro, actrices y actores, dos y dos, que suman cinco, lo bordan y lo flipan. Antonio Molero (Edu), el artífice que sabe guardar un secreto y que quiere redimirse de buena fe y manera sencilla. Marina San José (Marina), perfecta en su rol de feminista, de mujer de ideas claras, de convicciones sentidas. Leo Rivera (Rai), siempre bordando su personaje, más inocente que el agua bendita, puliendo su ego, comicidad inaudita y Kira Miró (Viky), espléndida y bendita, conspicua y divertida. (Siempre hablo de los personajes, lógicamente, que ya alguna vez pensaron que hablaba de los intérpretes en términos personales, madre mía, y alguno o alguna se ofendió, cuando creo que el plantel de actores y actrices en España es de calidad infinita). El quinto, Ferrán Carvajal, también virtual y protagonista.

En definitiva, que estamos ante una función de angustia divertida, de personajes cotidianos de la vida, de conjunción en las ideas políticas, de relaciones personales que flaquean y resucitan.

Eso, sin desvelar el final, para que no haya huida.

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