Dos mundos paralelos en circunstancias diversas y adversas que tienen muchos puntos en común, por más que la distancia sea de frío invierno o de sequía desértica.

El tiempo se para en silencio. A pesar de bombas, de metrallas, de muertes, de guerras. Una danza invisible que se empeña en que las cosas no sean fáciles, sino más bien macabras, injustas, incomprensibles, que las emociones queden deshechas, en ambos mundos paralelas.

En Occidente un hermano y una hermana distanciados aunque estén cerca, se enfrentan a una incomunicación que les afecta.  En Siria, otra mujer está aislada por la flagrante guerra, cuidando de su madre y de su hija, pero la desgracia acecha.

Sin saberlo a ciencia cierta, ambas mujeres están conectadas, hay algo que les une en este devenir de dolor, de angustia, de soledad, de penas.

En La mala herencia, de Alberto de Casso, se nos presentan dos historias separadas pero más próximas de lo que se aparenta. Dentro del festival “La guerra sin fin” del que ya dimos cuenta con ¿Y si te pasara a ti?, que se representa en el Teatro Lagrada, esta vez el eco gris de la guerra viaja a través de un monólogo por un lado y de un diálogo por el otro. En ambos, el aire está corrompido, lleno de polvo, almacenado, destrozado, la piel con alergias, por el rigor de una madre soberbia y el destrozo de unos francotiradores que disparan sin tregua.

Laura Garmo dirige este montaje con una sensibilidad extrema. Con honestidad, buscando esas verdades a medias de realidades fingidas o de apariencias verdaderas. Podría haber un espejo, una ventana abierta, pero hay cajas que almacenan la existencia. Mientras en un lado del escenario el símbolo de la discordia es un viejo escritorio, en el otro es una silla que tendrá que servir de leña.

la mala herencia

Hay una lágrima contenida. Un grito desgarrador ahogado. Un silencio que pelea. Pero no hay respuestas, no puede haberlas. Podría haber dos finales, pero sin conclusiones, la historia queda abierta. Y eso es lo malo, que siga abierta esa herida de la desolada e inhumana guerra, sea en donde sea.

Los intérpretes también muestran una gran medida de contención y conectan con el público provocando que nos planteemos que la desgracia no es etérea. Que es tangible, que no está tan lejos quien habita en otras tierras. Sara Saché, Juan Gareda, Antonella Mastrapasqua, nos abren el horizonte infinito de almas gemelas.

Para que alguna vez de verdad amanezca el día desbordándose de ternura y creyendo que es posible que haya almas buenas.

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