Que los gatos tienen siete vidas es de sabiduría popular. De alguna manera, se convierten en invencibles cuando consiguen ir superando trances inesperados. No es de extrañar, por tanto, que el gato aludido de esta historia sea Invencible y sobreviva a los designios de los humanos.

Y ellos, los humanos, las llamadas personas, también se convierten en, (metafóricamente), aves fénix que renacen de sus miserias y de sus cenizas.

Por ahí se dice que la verdad nos hace libres. Y, sin embargo, también nos condiciona, nos ata, nos obliga a tomar decisiones que quizás perjudiquen a otros o a nosotros mismos. Puede deteriorar relaciones personales, dejarnos aislados, volverse en nuestra contra.

Y en ese juego de ser sociable, de intentar integrarse en una sociedad o, de manera más o menos mínima, en un grupo humano vecinal, en unas convenciones protocolarias y costumbristas, la sinceridad, la verdad, la transparencia puede jugarnos malas pasadas.

En Invencible, texto de Torben Betts, dirigido con solvencia, soltura, cariño, por Daniel Veronese, se tratan todas estas cuestiones y algunas más.  Es un grupo humano. Dos parejas con sus creencias paganas y sus aficiones, sus convencionalismos, su cultura, su economía precaria o solvente, sus falsas apariencias y su verdad por delante. No serán invencibles, pero serán luchadores, guerreros y cobardes, desvalidos y fuertes al mismo tiempo, inseguros y convencidos de sus acciones.

La interpretación de los cuatro actores no tiene desperdicio. Se crecen, se hunden, se sobreponen, se tiran los trastos a la cabeza, se buscan, se necesitan, se complementan.

Comenzando por una activista Maribel Verdú, personaje que antepone su filosofía, sus principios, sus valores, pero que vive en una nube un tanto irreal, con sus sombras que guarda para no ser demasiado evidente. Jorge Bosch, supeditado en su personaje a esa sombra de su mujer, para no herirla, para ser condescendiente, para buscar la estabilidad que en cualquier momento puede perderse. Pilar Castro y Jorge Calvo que lo ven todo sin dobleces, acostumbrados a defenderse, pero no sintiéndose menos que nadie, aunque al final salgan las soledades, las dudas, la necesidad de quererse y de que los quieran.

Tipos posiblemente prototipos, clichés entre quien tiene más y quien menos puede (dinero, cultura, intereses,…) pero estupendamente trazados, humanamente imperfectos, magistralmente interpretados, invencibles aunque todos pierden.  

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