Querido amigo, podría empezar diciendo esta crónica. Porque esta tierna historia es un canto de amistad, de soledad, de senectud, de imaginación, de miedos, de ganas de vivir, de realidad y de emociones.

Casi pueden escucharse los latidos de corazón de estos dos personajes que palpitan fuertes ante los hechos que les suceden. Los dos ancianos se contrarrestan en el banco de un parque. En el Parque Lezama, un texto de Herb Gardner, que Juan José Campanella pone en pie con una delicadeza cariñosa y emotiva. Interpretados además por dos grandes actores que, a su vez, se nos meten a nosotros en el corazón y en el alma. Eduardo Blanco y Luis Brandoni no es que los interpreten, es que los acogen en su seno para traerlos y tratarlos con la dulzura de quien tiene un gran personaje en sus brazos.

Desolados, tristes, no pierden el sentido del humor, por más que uno se invente su pasado y al otro le dé miedo su futuro. En el parque se deben sentir acogidos. Ven la vida pasar, pero de forma activa, con la quietud que dan los árboles y el trino de los pájaros, soñando despiertos, aunque uno no pueda casi ver y el otro no pueda casi andar.

Y también quieren convertirse en ángeles. Quieren ayudar y quieren huir. Quieren seguir sintiéndose vivos, entre otras cosas, porque lo están y saben que deben renacer cada día.

No lo saben, pero se necesitan. Y nosotros a ellos. Le dan la vuelta a la moneda y nos sorprenden con sus ocurrencias y se admiran ellos mismos de lo que son capaces de hacer.

Querido amigo, aunque esto no se diga en ningún momento durante la obra, un minuto que pasa es un minuto que ya no vuelve, y los que les quedan a estos dos ancianos tienen el valor inapreciable de sentirse libres. De, a pesar de los miedos, intentar vencerlos y sentirse capaces de enfrentarse a lo injusto, en la medida de sus fuerzas, y hacer el bien, porque la vida es poesía aunque se escriba en prosa.

Querido amigo, por muy mayor que seas, haz para que aún cuenten contigo.

Queridos amigos, venid a ver esta obra y a estos amigos argentinos, porque el parque aún no se cierra y conviene un rato de relax, ternura, emoción, sonrisas, buen teatro.

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