Espectáculo de cabaret a lo grande. Para contarnos una historia de tolerancia. De libertades. A pesar de que se habla de jaula. La jaula de las locas. No tan locas, nada de rejas.

Ya desde el principio se hacen con el público. Buenísimo sonido de música en directo. Excelentes voces. Inmejorables interpretaciones.

Son lo que vemos. No ocultan nada, quieren agradar, es cierto. Pretenden, más que transgredir, reivindicar una opción (o más) de forma de vida. De no andarse con pacatuderías. Son lo que son. Y al que no le guste que tome otro sendero. Nadie hace daño a nadie.

El simple argumento es solo una excusa, un hilo conductor, donde se refleja primero que hay intentar ocultar, después disimular para, finalmente, hacerse grande mostrando todos los sentimientos descarnadamente, desnudarse sin recato, desmelenarse,… una historia sencilla para decir que la vida hay que vivirla, y cantarla, y bailarla, si es preciso.

Amar el sol de mediodía, pero también la luna noctámbula de salas de fiesta y cabarets. Romper, de una vez por todas, con prejuicios de identidad, de ocultar sentimientos, con armarios cerrados, con convencionalismos sociales de años atrás, que parecen siglos.

Ángel Llácer dirige e interpreta con desparpajo, sensibilidad, cariño, humor,… este mítico montaje de los años 80. También se llamó La jaula de los grillos, pero igual podía haberse titulado el deseo de ser uno mismo, o la gayola de las irreflexivas, amor loco y loco amor, o vaya usted a saber. Le da, impecablemente, la réplica Iván Labanda y todo el elenco de hasta 22 artistas en escena.

Lo que interesan son las canciones, las coreografías, una escenografía espectacular, un vestuario de luz y alas, la implicación con el público (aquí yo sí suprimiría hacer subir a ciertas personas sacadas de entre los espectadores, por innecesario, aunque a la postre resulte divertido), la necesidad de ser libres.

Esa libertad de la que hablábamos al principio donde, por más jaulas que les pongan, serán capaces de escaparse y revolotear al son que mejor suena.

Bitnami