El telón de Billy Elliot: el musical se levanta por tercer año consecutivo en la capital. El Nuevo Teatro Alcalá ya está preparado para seguir sumando espectadores a los más de 600.000 que ya han disfrutado del espectacular montaje. Una temporada que promete brillar más que nunca y muestra la madurez de uno de los musicales más longevos de la capital.

Para quien no lo sepa, el musical narra la historia del joven Billy, nacido en una ciudad del norte de Inglaterra en la que los hombres trabajan en la mina y practican el boxeo. Pero Billy es diferente. Criado por un padre viudo, a Billy no le gusta el boxeo y queda cautivado por el mundo del ballet. Su determinación por alcanzar sus sueños devuelve la unión a su familia y la fe a una comunidad devastada por el final de la industria minera británica.

He podido vivir en primera persona la extraordinaria evolución del musical, que ha ido creciendo año a año en calidad. Todavía recuerdo la piel de gallina durante el cuerpo a cuerpo dialéctico entre los enormes Carlos Hipólito y Adrián Lastra en pleno conflicto con los piquetes mineros cuando fui a ver por primera vez la obra en Madrid, que lleva en cartel desde octubre de 2017. Tres años después, ese estremecimiento no solo no ha desaparecido sino que se acentúa con las actuaciones del premio Goya José Luis Torrijo y la joven promesa Adam Jezierski. Mismo escenario, nuevas caras, pero la misma emoción, con esa madurez que otorgan 3 años de rodaje del espectáculo.

Una de las peculiaridades más bonitas de este musical es ver crecer y renovar al personaje central del musical: Billy, así como sus jóvenes compañeros de escena que, por exigencias del guion y por pura naturaleza, tienen que ir cambiando regularmente a medida que los niños van creciendo. Todos ellos han pasado años formándose en la Escuela Billy Elliot, donde practican disciplinas como ballet, canto, claqué y acrobacias. Yo he podido disfrutar de Diego Rey en 2017 y de Alonso Fernandez en la tercera temporada. Cada uno de ellos demostrando un talento y una emoción admirables para su corta edad. Una profesionalidad que se extiende a todo el elenco infantil (especial mención merece mi personaje favorito: Michael, que fue interpretado por un brillante Álvaro de los Santos en esta tercera temporada).

No todo el elenco es nuevo; otras caras repiten, como la impecable Natalia Millán, que lleva años entusiasmándonos a los espectadores desde su Sally Bowles en Cabaret hasta la inolvidable Velma Kelly en Chicago. Pero sin duda, me quedo con su interpretación en un papel complejo como es la Señorita Wilkinson, que ha hecho crecer a lo largo de estos años en los que se ha metido en su piel.

20 años de idilio entre carbón y tutús

El año que viene se cumplen 20 años del estreno de la obra maestra de Stephen Daldry, encarnado por un inspirador Jamie Bell. Ya entonces quedé cautivado con la simplicidad y la fuerza de la historia de Lee Hall. Me gustó tanto que en el año 2008 me presenté con recelo en el patio de butacas del Victoria Palace Theatre de Londres dispuesto a ver la versión musical de una de mis películas favoritas (ya se sabe: miedo a las expectativas). Tuve la suerte de ver a Tom Holland en el papel de Billy (actor que ahora triunfa en Hollywood de la mano de la saga Spider Man) y todos mis temores se disiparon al ver la maestría con la que se ha llevado a las tablas el texto, con la música envolvente e inspiradora de Elton John.

En definitiva, he visto el musical en tres ocasiones y espero volver a verlo muchas veces más, dispuesto a seguir disfrutando del talento de unos jóvenes que nos transmiten esa ”electricidad” que siente Billy cuando baila y que, como nos recuerda su madre, nos invita a ”no dejar nunca de soñar”.

Las entradas para la tercera temporada de Billy Elliot: el musical ya están disponibles.

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