Calderón potente, Calderón barroco y conceptista, mitológico y simbólico, Calderón político y crítico con el abuso de poder, Calderón absoluto de deidades y miserias humanas, Calderón de ambiciones, guerras, celos, amor sin medida, venganzas, truenos y fuego, tormentas y encierros, ejecuciones, teatral y poético, dominador del verso y del lenguaje, Calderón sublime y enérgico, imprescindible en nuestra escena.

Mario Gas lo rescata con acierto y respeto. Le pide a Benjamín Prado, sensible poeta, que lo adapte a nuestro entendimiento, que no se aleje en florituras de hipérbaton, pero sin abandonar el ritmo, con la rima bien sujeta, manteniendo los elementos que caracterizan tan grande autor de las letras.

Y, así, surge un montaje largo, lleno de intrigas, de cambiantes pareceres, de asombro y frialdad en los personajes, excepto en la protagonista, el personaje de Semíramis, que es todo pasión, carácter violento, carisma, que no deja indiferente a su corte y sus acciones siempre traerán consecuencias.

La hija del aire es un texto con título poético y con fuerza en su interior, con tormentas escénicas. Hay diversos ambientes, el tiempo pasa, la naturaleza está presente, la ruindad y la pleitesía de los humanos también, hay soberbia, amor, sorpresa, engaños, batallas externas y emociones escondidas.  

Con una escenografía imponente de piedra, las luces y las imágenes hacen que el teatro se nos aproxime al lenguaje cinematográfico, a una historia épica. Pero es teatro. Grande. Partiendo de sus intérpretes, una inmensa Marta Poveda que se come el escenario, que sufre y hace sufrir, semidiosa humana que nos traerá la tragedia. No lejos de ella, el resto del elenco, también un atrayente José Luis Alcobendas, un perfecto Nimias, espejo de la protagonista, Aleix Peña, o Ricardo Moya, Germán Torres, Juan Díaz,… hieráticos, pero emocionales, pronunciando perfectamente ese verso que no nos suena extraño al oído porque de manera natural lo interpretan.

Una vez más la Compañía Nacional de Teatro Clásico cumple con creces su función de que el teatro clásico sea tan nuestro como entonces y queramos seguir viéndolo ahora.

Bitnami