Cierto es que, muchas veces, la edad no es impedimento para sentirse joven, con ganas de vivir, viendo las cosas desde una mirada positiva, alegre, con la perspectiva, además, de la experiencia y el desparpajo de no tener a quien darle cuentas y tampoco querer darlas.

Cierto es que por el título, Conversaciones con mamá, no me era muy atrayente o seductora la idea de venir a ver esta obra.

Cierto es que por los intérpretes, María Luisa Merlo y Jesús Cisneros, había cierta garantía de que la representación fuera un diálogo ameno, bien ejecutado, con solvencia.

Cierto es que, al ver a los autores del texto, me convenciera más la idea, Santiago Carlos Oves y Jordi Galcerán. (Confieso que no sabía que había una película homónima argentina del primero que fue un gran éxito).

Cierto también es que me apresto a ser receptor positivo para ver qué me encuentro.

Y encuentro unos diálogos acertados, una situación realista y cotidiana, una interpretación estupenda y una dirección sensible y delicada de Pilar Massa.

Cierto es que se tratan muchos temas con agudeza y naturalidad, que se tornan los papeles del hijo y la madre, y resulta más echada para adelante la mujer con sus años y su sabia experiencia que el hijo ya maduro y que se deja dominar, que lo ve todo negativo, y que se sorprende porque no conoce bien a su madre.

¡Pasa tantas veces! Cierto es que, al contrario, las madres conocen bien a sus hijos, y los comprenden y los perdonan y saben por dónde respiran, lo que les gusta y lo que temen.

Sí, es cierto que se aborda la muerte, la soledad, el decaimiento tras perder el empleo, la vejez, la segunda juventud, la ilusión, la sinceridad, la melancolía del recuerdo.  Y se hace de forma amable, con acierto, es cierto.

María Luisa Merlo está impecable en su personaje, sin aspavientos de adornos superfluos, y Jesús Cisneros le da la réplica con la sencillez del hijo que comprende que está ante una gran señora con un pasado bien puesto.

Es cierto que conversamos poco con mamá y nos lo estamos perdiendo.

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