No quiero hacerme preguntas retóricas ni cuestionarme qué pasará más allá de la vida. No sé si se abrirán puertas sin salida, o una partida de ajedrez que nunca se termina. No sé cuál es el camino ni por qué me hallo en esta tesitura. No sé quién llama y no sé de quién es esa calavera que me mira. La duda de Hamlet con Yorick, la sonrisa perpetua, la vista vacía.

Como profesor que soy, (el protagonista), no sé lo que sabe y de qué habla Cavafis en su viaje a Ítaca. Que sea el camino largo, dice, ¿más todavía?

Lo que nos quiere decir el poeta es cómo interpretes la vida. Porque la muerte es un sinfín de especulaciones, de hipótesis imaginativas, vagar de un sitio a otro o descansar de forma aburrida.

La Compañía Diego el de la Gloria, con Hernán Gené y Benito Jiménez en el texto Perdonen que no me levante,  se plantean y nos plantean esas dudas, miedos, curiosidades, recuerdos, humor, errores, dosis de absurdo, conciencia que ya no extorsiona porque ya no tenemos nada que perder. Y les viene al pelo Groucho Marx y lo que dijo que escribiría en su tumba. Y también otras finuras con sentido del humor y chaladuras.

El profesor de literatura no sabe qué nos quiere decir el poeta. Y lo interpreta con soltura y gracia infinita, casi de ultratumba, Benito Jiménez teniéndose enfrente como un muñeco pelele, quizás lo que fue en vida. Porque a la larga nadie sabe cómo se nos pasará factura. Todo es especulación pura y dura.

Por eso pueden jugar en este espacio escénico de camino hacia nunca. O hacia siempre, o de locura. Pasamos más de una hora pensando con qué nos sorprenderá ahora este fantasma que no sabe si quedarse en el limbo, en el infierno o en la más celestial de las estancias puras.

Se repite el mecanismo del lenguaje y de ciertas acciones y el profesor sigue teniendo dudas.  El poeta Cavafis sabrá por qué escribió eso, pero el protagonista no quiere un epitafio de quedarse tumbado sin levantarse, ni conformarse arrepintiéndose de lo que pudo ser una existencia mustia.

Es el tiempo de representar teatralmente la vida (o la muerte) futura.

 

 

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