Rizando el rizo, y al contrario que en El Coloquio de los perros de Cervantes, donde estos adquieren la facultad de hablar, en Las perras de Cervantes de Sandra Dominique, tres mujeres, y no dos, unidas por su oficio de limpieza vil mas necesaria, se levantan una mañana con la “facultad” de ladrar y otros menesterosos actos atribuidos a los canes.

Lógicamente, pues son humanas todavía, se preocupan y quieren averiguar el motivo de tal despropósito, amén de intentar erradicarlo con consejos de una falsa médium o vidente, de psiquiatras, de profesores, y hasta de los propios empleadores que, en realidad, son los que les proporcionan tal desdicha de forma tan vehemente.

Con humor, ingenio e ironía no exenta de crítica social y alegato ‘reivindicadista’, la obra se va desarrollando ágil y divertida, para hacer visible el papel de las mujeres en esta sociedad machista y prepotente.

Hay desigualdad, quizás, en las tres escenas principales, donde con energía y posicionamiento fuerte, dos de ellas consiguen poner los puntos sobre las íes a sus valedores, aunque no oigamos sus razones. El tercer caso, precisamente el de la limpiadora culta y lingüista, hay lucha de poderes, enfrentamiento, pelea, medición de posiciones ante el ama que no siente pero que acabará, como las otras, destinada a ser perra obedeciendo sin rechistar no vaya a ser que haya cosas peores.

Mercedes Castro, Maya Reyes y Cachito Noguera interpretan varios roles. Lo hacen con desparpajo como corresponde a esta comedia de montajes ejemplares. Los espectadores no somos alféreces, pero somos testigos del curioso incidente de ver transformarse en perras a estas simpáticas mujeres.

Si Cervantes atacaba con su sorna y pluma fina a pastores, mercaderes, alguaciles, escribanos, clérigos y soldados, y otros cargos en dudosos menesteres, en una sociedad corrompida de por allá el siglo XVII, Sandra Dominique arremete contra la que hay actualmente, la nuestra, la de dimes y diretes, la de empresarios y bancarios, la de altos cargos de másteres aprobados con alfileres, la que impera todavía del hombre sobre las mujeres, la de la ‘titulitis’ y la del que tiene por ser vos simplemente.

Al final y actualmente no es cuestión de ser perros, de ser mujeres, de ser obreros, de ser diferentes, sino de afrontar la cosas con decisión y ser valientes.

Bitnami