Es loable que la Compañía La Bicicleta siga empeñada en traernos, con la calidad acostumbrada, esos títulos universales que permiten a niños y grandes poder volver a disfrutar de historias que, no nos engañemos, ya pocos leen. Quizás sea una forma de adquirir ese mínimo de cultura necesario para crecer como persona de bien, sensible, emocional, humanitario.

No deben faltar de las bibliotecas esos títulos y no deben faltar de los escenarios.

La vuelta al mundo en 80 días de Julio Verne es un clásico que no tiene por qué perder vigencia. Es cierto que hoy en día la vuelta al mundo se da en mucho menos tiempo, pero es un ejemplo de perseverancia, de intentar conseguir un objetivo, de fidelidad con el compañero, de astucia a la hora de solventar problemas, de conocimiento de otras culturas y costumbres de vida, del lenguaje de la razón y de los acontecimientos imprevistos, de la búsqueda y consecución de la felicidad y encontrarse a sí mismo.

Julio Jaime Fischtel con el debido respeto de hombre de teatro con experiencia en mil proyectos, no escatima nada del argumento. Y siempre pensando en que debe ser atractivo. Y lo consigue. Las escenas se suceden con un sinfín de personajes solamente interpretados por un elenco de seis actores. La música de Ángel y Ricardo Padilla con canciones del propio Julio J. Fischtel está elegantemente bien compuesta, en los momentos oportunos. La dirección siempre sensible de Ana María Boudeguer se nota en el cariño con el que trata a personajes e intérpretes. Y la escenografía proyectada de imágenes coloridas y en movimiento de Gueorgui Dimov hace que viajemos en el tiempo y en ese mundo que visitan Phlieas Fogg y su ayudante Paspartú. El vestuario de Denitza Deneva, magnífico.

Y el elenco, ya bien conocidos del Teatro San Pol, Víctor Benedé, Edgar López, Javier Ibarz, David Santinella, Manuel Varela y Anabel García, que nos llevan con sus voces y su buen tino por este viaje teatral en ochenta minutos que se nos hace ameno, divertido, necesario, sentido.

A los protagonistas en la obra les falta viajar en un medio de locomoción imprescindible: La Bicicleta, pero para eso está ya la Compañía de la San Pol que sobre dos ruedas nos llevan con emoción de nuestro sitio en la butaca a otro gran título.

 

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