El mejor Lope. El Lope de Vega trágico y ya baqueteado de cientos de comedias, de sinsabores personales, de éxitos y fracasos, de renuncias y de conquistas, de secuestros y de amores, de denuncias y alborotos.

Y el tema del honor más otros otros. El poder político y las relaciones entre esposos, el deseo, la venganza, como no, los celos, lo incestuoso, la soledad, el riesgo amoroso, la intriga, el desdoro.

Helena Pimenta nos ofrece este texto grandioso. Pasado por el inteligente tamiz de Álvaro Tato, nada impetuoso. La Compañía Nacional de Teatro Clásico engrandecida por intérpretes talentosos.

Joaquín Notario que se come el escenario aun sin hablar, solo con el rostro, que no es poco. Rafa Castejón, más sutil que nunca, primoroso. Beatriz Argüello, delicada manera de ser la Casandra que genera tal tragedia, todo un meteoro de la escena, aunque al principio no le haga caso su esposo. Nuria Gallardo, en su personaje penoso de no sentirse querida y actuar al final por despecho y por motivos celosos. Y así, uno por uno, todos. El verso sale fogoso, y las palabras de Lope resuenan en el ambiente como un tesoro.

Butacones giratorios, espejos grandes y rotos, intrigas palaciegas, no podía faltar el gracioso. Batín interpretado sin exageración, comedido y con decoro, por Carlos Chamorro. Un escenario circular del que no es posible salir, siempre retorno. Las distancias entre personajes, sobre todo entre el orgulloso poderoso y los que están más abajo, casi en el foso.

La justificación de El Castigo sin venganza que pone esta tragedia entre las principales del siglo de oro.  Si hubiera podido verla Shakespeare se mostraría envidioso. Este es nuestro barroco, vengan a verlo, es Lope de Vega sin polvo.

Bitnami