El mago de las palabras, Juan Mayorga, nos ofrece este juego de prestidigitación emocional e intelectual donde, sin trampa ni cartón, o con el texto sobre el escenario a la vista de todos, juega con lo posible y lo real, con lo imaginado y con lo cierto, con la ficción y los sueños, con el deseo y la rutina, con el costumbrismo y el escapismo sentimental, con las cartas boca arriba y el corazón hipnotizado por una representación de dobles sentidos, de poética metafórica, de trucos con el lenguaje, de humorismo y trascendencia.

Lo que parece cotidiano y habitual en una familia de clase media, se convierte, por arte de birlibirloque o de ingenio subrepticio, en un solapado cuestionamiento de la existencia y la convivencia, de las relaciones personales, de lo que se oculta  y lo que se muestra. De dobles personalidades o sencillas formas de vida.

Como hemos dicho, asistimos a un teatro medio del absurdo, medio existencialista; medio costumbrista, medio innovador; medio comedia, medio drama.

Juan Mayorga se dirige a sí mismo. Me lo imagino, siempre jugando con la imaginación (la loca de la casa), para tratar de entenderse sin perder la noción de la lógica y la chispa de la sorpresa.

Y lo hace con un elenco que le sigue el juego a la perfección. Desde Clara Sanchis, que hace de Nadia como nadie y con cuyo nombre le permite al autor algunas de las frases con segundas más conseguidas, así como el personaje áspero de Dulce interpretado por Julia Piera, el virtuosismo escénico de Tomás Pozzi con su Ludwig, los dolores callados de Ivana Heredia en Lola, pasando por la realidad espinosa de María Galiana y su madre/suegra Aranza, hasta el atónito y perdedor Víctor, con un grande de la simulación interpretativa, José Luis García-Pérez.

Sí, es verdad que la obra nos plantea muchos interrogantes. Pero no creo necesario que haya que responderlos. Sería como revelar el truco. Es mejor dejarse llevar. No saber si somos nosotros los espectadores o son ellos los receptores de nuestras reacciones, si en verdad hay dos personajes iguales en distintos escenarios o si cuando salgamos a la calle estaremos viviendo el gran teatro del mundo. La realidad en forma teatral, la vida de forma irreal.

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