A veces se nos escapan sin apreciarlas las cosas más cotidianas de la vida, de nuestro existir diario. No le damos importancia a situaciones que en muchas ocasiones pasan desapercibidas. Por ejemplo, algo tan sencillo como nacer y morir porque, al fin y al cabo, la muerte forma parte de la vida. Lo que pasa es que estamos preparados para recibir nuevas vidas, pero no para despedirlas. 

Pata Teatro se plantean esta sencillez con naturalidad. Con naturalidad y poesía. Emoción y teatro. Sentimientos y puesta en escena. 

Parece fácil, es cierto. Pero es harto complicado y conlleva todo un trabajo de creación, investigación, experimentación, recuerdos, sensibilidad, técnica teatral, coordinación, ilusión desmedida. 

Pata Teatro, compañía de  Málaga, nos ofrece El árbol de la vida, un texto de Macarena Pérez Bravo y Josemi Rodríguez. Y se inventan un oficio peculiar, pero no imposible, el agricultor de las palabras. Donde las palabras se plantan en macetas para que crezca una idea, de ahí un pensamiento y de los pensamientos, teorías. Pero entre medias nacen versos, historias, diálogos, monólogos, refranes, otras palabras nuevas, incluso silencios y letanías.

Un árbol de hojas escritas, un tronco fuerte que es la familia, la raíz de unos encuentros, las ramas de amistades y sociedad y cercanía. Palabras que nos buscan y nos identifican, que nos enseñan y nos reconducen, que nos abrigan, Palabras de aliento, palabras de teatro, palabras de poesía, palabras de tristeza y de alegría. Para todas hay espacio. Libres y sueltas, en grupo y unidas.

Macarena y Carlos Cuadros, representan con una sensibilidad exquisita a una pareja que vive toda una vida. Es el ciclo de las diferentes edades, es la infancia, la adolescencia, la madurez, la agonía de la muerte no traumática, la senectud, y emplean para ello la mejor técnica vocal y corporal, la mímica, la creatividad para, con macetas, representar objetos, situaciones, personajes entrañables, interpretación exquisita.

Además, con un público nada fácil. El de los preadolescentes, que en algún caso es la primera vez que acuden a un teatro con las garantías debidas. Mantienen su atención, sienten su cercanía, atrapan con esta historia sencilla. 

Algunos de los comentarios que escribieron posteriormente estos alumnos son: “todos los aspectos tratados se han hecho de forma natural, como la propia vida, a mí me ha dado una lección y es que cuando tú o un ser querido tuyo se va, dejamos huella”. “Me ha emocionado”, “tiene partes románticas graciosas, partes de intriga y de tristeza; tiene muchas emociones vitales y en las que ha habido veces en las que me he sentido identificada”,  “me transmitió mucha risa al principio y luego nostalgia de golpe”.

La calidad en el teatro no tiene por qué estar reñida con la edad de los espectadores escolares que demandan también una formación artística.

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