A veces uno se pregunta qué demonios estamos haciendo en este mundo. En esta sociedad que no nos aporta nada más que sinsabores y desgracias. Por qué se aguantan ciertas circunstancias.

En escena, en la propuesta que nos hace Elena Belmonte, se nos presenta una familia que conviven, pero están unos de otros a kilómetros sentimentales de distancia. Un padre de familia individualista y solitario, pero que, sin embargo, no está amargado. Conoce su situación y la acepta, aunque haya arrastrado a esa familia a abismos insondables. La madre reniega de su relación con todos, pero es incapaz de abandonarlos. La hija abocada a una realidad de ínfima proyección. Y el hijo, agarrándose a un clavo ardiendo.

Ya solo de esta trama se podría sacar un argumento solvente. Sin embargo, Elena Belmonte, lo teatraliza aún más y hace entrar en escena a unos personajes que parecen atemporales o fuera de tiempo. Son misteriosos, uno habla educadamente y el otro es el silencio. Pero con sus actitudes y sus palabras impiden que la familia salga. Entre medias, los personajes nos destapan sus miserias, siendo el más carismático el padre, interpretado por un experto Manuel Galiana, que también dirige la función, y al que se le oyen decir perlas del estilo: “no se puede llegar hasta mí”, “mi corazón se ha suicidado”. Siempre un placer ver a este monstruo de la escena. En la irrealidad y la costumbre, vive la madre, Pilar Civera, a la que le es más cómodo mantener esa convivencia sin riesgos que afrontar decisiones. Interpreta con una credibilidad desbordante su anodino personaje. Los hijos, despegados de ambos, Ana Feijoo y Jesús Ganuza mantienen el mismo nivel de solvencia interpretativa.

Hasta que llegan Óscar Olmeda y Pedro Fajardo que hacen que con su llegada se abra la caja de los truenos y estalle esa tormenta interna y esas heridas personales vuelvan a sangrar porque nunca se curaron. La herida se irá haciendo cada vez más y más grande.

Y nos daremos cuenta que no hay forma de cerrarla, que esos personajes son nuestro apocalipsis moderno. Que vienen a por nosotros sin piedad cada vez más exacerbada. Por eso no tienen un tiempo determinado, porque la actualidad los ha hecho evolucionar. Lo único que ocurre es que han cambiado el horror y ya no serán la peste, la muerte, la guerra, el hambre. Tienen nombres actuales y nos acosan constantemente. Tendrás que acercarte a ver la obra si quieres enterarte de cómo se llaman y lo que son e intentar escapar de esos jinetes antes de que sea demasiado tarde.

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