Que aún hoy en día la estabilidad social, dicen, se sustenta gracias a la familia es un hecho indudable. Sin embargo, cada familia es un mundo y cada miembro de la familia un caso aparte. Y esas familias, a su vez, necesitan del apoyo logístico de una casa. Un lugar donde encerrar sus peculiares formas de entender la vida, de relacionarse, de preservar su intimidad para considerarse a salvo.

Pero, ya vienen los peros, se dan muchas circunstancias adversas.

Están esas familias que son desahuciadas. Que tienen que dejar enseres, recuerdos, espacios vitales. O esas familias que fueron mutiladas por la represión dictatorial, véase Chile, Argentina, en nuestro país esos niños robados al nacer,… También la pareja que se acepta y que se quiere, se respeta, pero algo hace que no coincidan. Las ganas de un hijo, las ganas de conocer gente nueva, las ganas de comprenderse y aún así la distancia es insalvable. Lo mismo esa madre que ve con preocupación que a su hijo puedan maltratarle y es él, el que maltrata. Y así, más historias. Todas desarrolladas en diferentes estancias de la casa. Desde el salón hasta la azotea, desde la cocina al sótano. Como si se tratara de una casa de muñecas asolada por un terremoto o una tormenta de arena.

Y en todas ellas, esa arena que nos cubre, el espacio que se achica, una mirada desde otra perspectiva.

Teatro de lo Inestable vuelve a sorprendernos con un montaje diferente. Una función cargada de símbolos, de búsqueda, de soledad, de desencuentro, de pertenencia a una familia y de las pertenencias de una casa. Family (es) con dramaturgia de Ramon Rosselló y Jacobo Pallarés, dirigida por este último. La compañía, versátil, Maribel Bayona, Juan Andrés González, Ruth Palonés y Paula Miralles, se introducen y salen de esos espacios, se dejan ver desde dentro, y nos muestran ese estamento social donde…

…Nadie es nadie. Nadie tenemos nada.

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