Julián Fontalvo no es un cantante. Es muchos cantantes. Variados y de múltiples registros. Tiene una voz prodigiosa que le permite “imitar” a un sinfín de artistas con las canciones que ya forman parte de nuestro acervo popular y musical.

Pero es que el tío encima es simpático. Y, además de ganarnos con su voz, también nos encandila con su historia. En un espectáculo medido y coordinado hasta en el último sonido, el intérprete nos va desgranando su historia, su forma de ser, sus sueños. Incluso un futuro poco alentador, pero que está en consonancia con su amor por la música, con la pasión de la que nos hace partícipes con respecto a sentir cada uno de los temas, a vivirlos como si realmente fueran suyos.

Y lo son, porque en su persona oímos todas las voces que nos gustan y nos suenan, que nos hicieron vivir momentos felices y de nostalgia, y así, todas agrupadas, nos ponen la sensibilidad a flor de epidermis y de corazón, es decir, desde dentro.

Memorable su versión de “We are the world” donde saca todos los enormes músicos que participaron sin desmerecer de ninguno de ellos. O la voz cascada y emocional de Brian Adams, los ritmos latinos, las mejores baladas, canciones españolas, Elthon Jhon enorme, Queen con Freddie Mercury  no podía faltar, hasta Andrea Bocelli o la entrañable Edith Piaf, por poner solo unos ejemplos. Porque pone voz a 70 monstruos de la música y no se ‘despeina’ al hacerlo.

Lo dirige Jesús García, que yo creo que es el que le impone el ritmo adecuado sin que se haga lento ni rápido, que se nos haga corto en realidad, y Julián Fontalvo, pone todo lo demás, que no es poco, alma, corazón, vida y música.

El imitador, las canciones del imitador, la pasión del imitador, la voz de todos en uno solo. ¡Qué buen concierto!

 

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