Doña Juana, Caramanchel, doña Inés, y don Martín, amén de otros múltiples personajes salidos de la pluma de Tirso de Molina, que nos vienen a decir, a contar, a enredarnos sin fin en una trama de disfraz y figurín, de suplantación de sexo varonil, que vienen de Valladolid hasta Madrid, con un don Gil que son cuatro y que son mil, y nos cantan, y nos cuentan, y nos vienen a decir, que esta comedia alocada es un sin vivir de risas y de intriga e, incluso de alguacil, donde Caramanchel, un zascandil, se pone servil ante una dama que es un poco sutil, que se hace pasar por hombre con afán de descubrir a quien despechadamente la abandona por un trato mercantil. Y así, entre enredo y enredo, y canciones, y una interpretación sutil y acertada nos hacen pasar un buen rato, como si la comedia fuera totalmente juvenil, siendo del siglo XVII, comedia altamente gentil.

Hugo Nieto la dirige, poniendo los puntos sobre la i. Y Dani Llull, como buen cómico y parlanchín, malandrín, y un poquito bailarín, nos introduce en el cuento y dejamos de sufrir. Sara Moraleda es doña Juana y don Gil, parece que sabe latín, sin ningún gesto mohín hace que se enamoren de ella por aquí y por allí. Guapa y con desparpajo, luce sus calzas verdes sin nada de pitiminí, manejando con soltura su ardid. Natalia Erice, Jonás Alonso, Carlos Jiménez-Alfaro, María Besant, todo el elenco arlequín, hacen de la función un auténtico festín.

Don Gil de las Calzas Verdes, verde que te quiero verde verdín, guiños a la actualidad ruin, en un espacio actual para clásicos, veraniego para divertir, seducir, insistir que el barroco no es solo instruir, que es trasmitir, sugerir, reír.

En el Corral de Cervantes, siempre final feliz.

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