Shakespeare por Shakespeare igual a una comedia dramática o un drama cómico como Medida por Medida. La habilidad del gran dramaturgo para convertir en comedia un asunto de escollos legales y de ser un drama en situaciones hilarantes.

Y con el lenguaje preciso y literario de belleza singular y silogismos certeros y filosóficos. Puede parecer que queda lejos que se condene a alguien por fornicar con quien no está legalmente unido, o que tenga una vida licenciosa y pecaminosa en vez de recatada y mojigata. Sin embargo, todo es cuestión de lecturas con nuestra visión de hoy. La historia está ahí y nos sirve. Porque sigue habiendo inquisidores, censores, represores, que no se aplican a sí mismo la misma vara de medir. Porque sigue habiendo ocultaciones, engaños, promesas falsas, politiqueos, intrigas, desmanes, abuso de poder,… en aras de una estricta moral, de la aplicación de unas leyes mal interpretadas, de una sentencias exageradas.

No tenemos que irnos muy lejos para ver y escuchar ciertas condenas de hoy en día. Y como ya dijo Sancho en la ínsula Barataria, si lo que está mal es la ley, cambiemos la ley.  

De eso y muchas cosas más trata este Medida por medida. Dos compañías de unen para ponerse al servicio del teatro, de Shakespeare, de una historia de sexo, de poder, de justicia. Y lo hacen de maravilla, Factoría teatro y Producciones [In]constantes rescatan este texto con habilidad, agilidad, actualizándola, haciéndola suya hoy en día.

Emilio del Valle la dirige y firma la versión junto con Isidro Timón. La acercan al espectador, la dotan de vida, de complicidad, de cariño, de buen gusto y bien medida. Medida por medida. Hay un enredo de personajes, de tramas, de apariencias, de planes, de mentiras. Y los actores que les dan una energía magnífica. Nacho Vera, el cómico que quita y pone hierro, que no se calla, que canta, que le pone fantasía; Gonzala M. Scherman, que es más de una; David Luque, el duque y el fraile, qué maravilla, qué risa; Chema de Miguel, impresiona y le da sapiencia y sabiduría; Jorge Muñoz, el malo de la historia, que legisla según su hipocresía; Juan Díaz, el condenado, y el otro condenado, y el que arresta y tiene mil caras siendo la misma; Muriel Sánchez, la pobre novicia que con delicadeza y gran interpretación da vida a Isabel y le va en ello la vida y Salvador Sanz, con toda la chispa.

La obra se va desarrollando sin tregua, ni bajadas ni subidas. Mantiene un nivel constante de diversión, de drama, de cercanía. Dos horas que se nos han pasado volando, pero sin prisa.

 

 

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