Querida Doña Rosita, la que llaman la soltera:

Usted no tiene padres, ni novios, ni amigos. Usted vino con sus tíos de la mano de Federico y a través de su verso y su ritmo nos ha dejado entrar en su casa, en su destino, que inexorable se repite, y usted, sufriendo siempre por lo mismo.

Aquí vienen ahora estos amigos, Trece Gatos se llaman, a contarnos un cuento exquisito. Con la delicadeza que usted requiere, con la sensibilidad que siempre han ejercido de la mano de Carlos Manzanares Moure, que trata el teatro con respeto y mucho mimo.

Perdone si de vez en cuando nos reímos, nuestra intención es sana, y sabiendo de su ser infinito, revivimos sus desdichas, su soledad, su espera, su agonía, su delito, que no es otro que amar un imposible, un recuerdo de niños.

Pero no nos asomaremos escondidos para ver cómo se marcha, sino que la acompañamos con su tía y con su ama, con Federico, como si fuéramos sus hijos, todos por un mismo camino.

Ahí está Raquel León, al pie del cañón y del camino, mostrando una Rosita que es un personaje bendito. Pero si hace del Ama, le pone su carácter interpretativo infinito. Y sus otros trece gatitos, María Díaz, Ángeles Laguna, Elena Sanz, Elordi García, Nuria Simón,… todos, con un espíritu magnífico para hacer que nos lleguen sus lágrimas, sus silencios, sus miedos, su soledad, su resignación de rosal marchito.

He ido a verla a usted, aunque no me haya recibido. Me senté en una butaca a entender ese martirio que hoy puede parecer obsoleto, pero que aún pulula por algunos sitios. La mentira, la ilusión, depender de un marido, una falsa esperanza de un estado sin sentido.

La atmósfera romántica de poema dramático nos envuelve desde el principio. Las palabras de Federico mantienen su exquisito propósito de reflejar un comportamiento trasnochado y sibilino de apariencias y desatinos. Un personaje que va creciendo en su desgracia, y que como las rosas, desprende su fragancia hasta que el aroma queda extinto.

Elegancia en la puesta en escena, interpretación de prestigio,… puede que usted se haya acostumbrado a vivir fuera de sí, pensando en cosas que estaban muy lejos, pero no huya, siga viva, siga queriendo vivir, y mostrándose serena, pero no vacía, porque ayer el teatro estaba lleno, porque es usted un personaje único y vivo y nunca este drama de Doña Rosita, la soltera o el Lenguaje de las flores del maestro García Lorca podemos dejar de verlo, así que pasen cinco siglos.

Gracias por estar ahí, y esperarnos, y abrirnos su sentimiento, su alma, su corazón herido.

 

 

 

 

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