El otro día oí (o leí) por ahí, un comentario así como que ya estaba bien de clásicos. Le contesté sin ofuscarme, pero indignado, que no eran clásicos, que eran ¡eternos!

Antonio Campos, el actor que da vida, voz y cuerpo al Lázaro literario en el Corral de Cervantes en la cuesta de Moyano en Madrid, dice, y dice bien, que un clásico es aquella historia que todos conocen y muy pocos han leído. He aquí la clave de lo que hablamos. Clásicos eternos que parecen de hoy.

Por varias razones que vienen a cuento. La primera, la historia, aun contándonos lo que sucedió y aconteció a un pobre pícaro, (reflejo de cómo había que subsistir en el siglo XVI), es universal y eterna porque a día de hoy seguimos teniendo pícaros, malos sueldos, empleos precarios, jefes opulentos y sin criterio, la necesidad de subsistir fuera de tu lugar de nacimiento, ir dando bandazos hasta encontrar lo menos malo,… más o menos como ahora, quién lo pone en entredicho y no exagero. La segunda, la representación en sí misma. Nos ponen en bandeja, servido sin remilgos, un texto literario al que accedemos con la satisfacción de no tener que leerlo. Hoy nadie lee si no son los “whastapp” o los mensajes de las redes sociales, no hay tiempo. La tercera, la puesta en escena, la adaptación, la interpretación, trayéndonos a nuestros días mediante un actor soberbio y un músico guitarrista inmenso la esencia del personaje y del pueblo. Comentarios alusivos a nuestra realidad actual, flamenco, ironías, complicidad con el espectador, cercanía,  lo clásico haciéndolo nuestro. La cuarta un espacio escénico veraniego, que se abran teatros, que no haya excusas malas para no ir a verlo.

Claro que es un clásico. Es un eterno. Lluís Elías, lo dirige con acierto. Creo que deja bastante libertad a su intérprete, no podía ser menos. Para hablar de alguien que se somete a sus amos, hay que dejar que este lo haga a su modo y entre los dos lo manejen con soltura, con humor, con ingenio.

Hoy me he encontrado al Lazarillo de Tormes en Madrid, aunque me hablaba de Toledo; me decía algo del siglo de oro y del XVI y yo veo que se parece mucho a lo que hoy tenemos. ¿Clásico? ¡No! Eterno.

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