El chapoteo está a la orden del verano. Es que es sintomático. Llegar la época estival y todo el mundo como loco a piscinas, playas y lagos. ¡Qué locos! A quién se le ocurre.

Con lo bien que se está en el teatro yendo a ver naufragar, o nadar, o refrescarse a los de Yllana en ¡Splash!

Marineros al agua. Desde la butaca el mar no se ve, pero nos lo imaginamos. Bastan unas pequeñas dosis de humor, un buen refresco con hielo, la imaginación caliente, las ganas de reír incontenidas.

Marineros en tierra. Haciendo autostop para llegar a la orilla del mar, tiburones acechantes de bañistas inconscientes, los periquitos (o loros) observando la idiotez de las personas que quieren mojarse, luego resulta que no hay baño, es decir, no hay servicio adecuado donde hacer las necesidades, y el mismo espacio puede ser una cárcel, una barcaza, un lugar para pescar a mansalva, un bar discoteca o chiringuito donde se fríen huevos y nunca son bastantes.

En definitiva, el caos playero y del verano, de veraneantes y feriantes, de turistas y marineros errantes. Un estropicio, una onomatopeya constante, una salpicadura de calcetines, una carcajada hilarante, Yllana con David Ottone en la dirección, como siempre, y Susana Cortés, César Maroto y Rubén Hernández, nos salpican de verano y agua, de mar y sal, de ironía y humor refrescantes.

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