Cada época, cada generación,… tiene su momento. En tiempos pretéritos era impensable que unos jóvenes, primero, vivieran independientes aún a costa de tener empleos precarios. Pero los trabajos ya son de por sí bastante denigrantes, y entonces eso hoy no nos sorprende.

Tampoco era de recibo que se pudieran cambiar los objetivos para los que uno había estudiado. Si nos preparábamos en algo, entendíamos y queríamos trabajar en ello. Ahora, estos jóvenes ‘Sobradamente Preparados’, realizan labores que nada tienen que ver con sus conocimientos.

En un piso compartido por dos hermanas y un “friqui”, llega de regreso un cuarto ex de una de ellas que se fue a probar éxito más allá de nuestros límites caseros. Vuelve para insuflar esperanza en los sueños de sus compañeros. Vuelve para no conformarse. Para no tirar la toalla, para que todo cambie, para sacar del ostracismo cibernético e irreal a sus amigos.

Cada uno tiene su hándicap, sus proyectos, sus límites, sus esperanzas, sus deseos, sus frustraciones, sus intentos. Ninguno está conforme y todos aceptan lo que sucede, porque estos son otros tiempos, y uno se amolda a lo que impera y a lo que no hay más remedio.

Pero todo esto tratado con mucho humor, con ingenio. Capullos que vuelan de Lluis Mosquera, trata con desparpajo y complicidad con los espectadores, todas estas actitudes de las nuevas generaciones que quieren vivir en un sueño pero saben que la realidad es acechante y no les permitirá el más mínimo devaneo.

Nos ofrecen una actuación limpia, próxima, realista, tierna, divertida, sin complejos. Como los personajes a los que encarnan, Maria Part, Enrique Cervantes, Cristina García e Iker Azkoitia. Comienzan siendo, como nos cuentan, larvas, gusanos, capullos,… hasta llegar a creer que vuelan porque no pueden estarse ni quietos ni callados, ni mudos ni ciegos, ni conformes ni satisfechos.

Comedia ciento por ciento, que refleja una situación común, pero no por ello menos preocupante ni que haya que dejar que se resuelva por sorteo. El optimismo, las ganas de vivir, de triunfar, de ser auténticos, lo primero. Hay que alzar el vuelo, al fin y al cabo, el aire es de todos, que sirva también para volar y no solo para respirarlo con contaminantes y malos vientos.

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