Imagínate un ovillo totalmente enredado y al que cada vez le salen más nudos y cruces sin llegar a ver los cabos. Imagínate un mundo loco de los años 20 del siglo pasado traído a nuestros días sin perder la esencia de aquel momento. Imagínate París, un verano, personajes ociosos, muchas puertas que no son puertas, sino toboganes de mentiras, de citas, de deseos, de caprichos, de amores secretos, de infidelidades, de sorpresas, de movimiento frenético y laberinto imaginario, teatral y barroco.

Eso nos ofrece en las noches de verano la compañía TeatroLab, con Gabriel Olivares al frente.

Nos traen, en el patio del Teatro Galileo, una refrescante comedia que no da tregua ni reposo.

Al más puro estilo de la comedia de enredos, del vodevil del XVIII en Francia, del burlesque más decimonónico que no pasa de moda, y donde nos meten en el ajo a los espectadores que contemplamos todo con una sonrisa perpetua en los labios y una cerveza o un refresco en las manos, además del picoteo necesario y primoroso.

Aquí no es una cuestión de parejas o tríos, solamente. Intervienen dos, cuatro, seis y hasta ocho actores para unos cuantos más personajes que van saliendo poco a poco. La escenografía nos sitúa en un espacio veraniego, que pueden ser las piscinas, pistas de tenis u hoteles de asueto y ocio. Lo que empieza por un simple afán de ligoteo o conquista de una dama casada, acaba convirtiéndose en un galimatías de cuernos y equívocos, entradas y salidas, y timbres que suenan como poseídos cuando se intenta poner la trampa a los tórtolos.

De ahí el nombre Ding Dong (Le dindon) libreto original de Georges Feydeau, dramaturgo de la Belle Époque, que en esta farsa roza lo absurdo y lo grotesco, exageradamente cómico, que con la excusa del “Ojo por ojo, cuerno por cuerno”, y de la mano del director nos hacen pasar dos horas de auténtico gozo. Y los actores que no paran haciendo varios cometidos y, aunque parece que todo está manga por hombro, está bien medido y enredado a propósito.

Un doble elenco se encargará de deleitar al espectador de teatro veraniego en las noches calurosas del Madrid inquieto: Alba Loureiro, Mar Madli, Luis Visuara, Alejandro Pantany, Eduard Alejandre, Teresa Alonso, Ariana Bruguera,… entre otros.

Que suenen los timbres, dindin don, que nos ponen en alerta de que algo gracioso y enredoso da comienzo, deslíenlo que cuesta poco.

Bitnami