“Pero el cadáver, ay, siguió muriendo”. Y, sin embargo, César Vallejo, lo resucita. La masa entera de la humanidad le pide que viva. Y el cadáver, ay, echose a andar…

En A través de la luz pasa algo parecido. Vivimos en oscuridad hasta que nos damos cuenta que podemos perderlo todo. Hasta que vemos la famosa luz al final del túnel. ¿Será cierto?

El espectáculo arranca con un “zapateao” estruendoso y tremendo. Son los golpes de la vida. Otra vez César Vallejo: “Hay golpes en la vida tan fuertes, yo no sé”. Son los golpes de la muerte, en realidad. Es el corazón acelerado. Es el ritmo trepidante de lo que estamos viviendo (o muriendo). La luz no pura, la luz artificial puede producir colapsos, hundirse en el pecho, sonido eléctrico. Y a través de la luz de las bulerías y los jaleos, en un ten con ten entre la vida y la muerte que acecha, entre martinetes y tientos, con ruidos de caos de fondo, los micros jugando malas pasadas, pero el arte hecho flamenco, con Un largo viaje de David Bowie convertido en Estrella negra, La Muerte como personaje hace acto de presencia y quiere acabar con El Alma. Pero La Luz está para defenderla. Y vuelven los pasos, las seguiriyas, el yunque repetitivo y, en medio, la poesía de palabras en el aire, las palmas, la guitarra española, el alma del flamenco.

Fernando Vacas diseña, produce, crea,… un espectáculo de vida y resurrección, de recuerdos y sentimientos. Un concierto de danza y cante, de versos y poetas, de imágenes y sonido. Es una nueva forma de enfrentarse a una historia, de afrontar el flamenco, de franquear la línea entre teatro, tablao y musical. Ópera, tragedia, sinfonía.

La dirección de escena es de Carlos Alonso Callero y nos cantan y bailan Ana Salazar, Karen Lugo, Macarena de Rueda, Javier Latorre,…

A través de la luz los vemos, los oímos, los sentimos, los hacemos nuestros. Y “el cadáver triste, emocionado; incorporose lentamente…” y el público en pie, aplaudiendo, brindó una ovación de luz y sonido flamenco.

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