La amistad por encima de desavenencias. Todos los estados de ánimo, la soledad manifiesta, la necesidad de que haya alguien cerca.

Podemos pasar de una nostalgia, una melancolía, una tristeza,… a una alegría, una efusividad, una esperanza,… en tres locales y unas cuantas cervezas, o tés, o chupitos de licor de hierbas.

Y entonces, una se suelta. Y no calla lo que se debiera. Y hay rivalidad y hay ganas de irse a casa y hay ganas de fiesta.

Dos amigas, muy amigas, compartirán más que secretos o penas. Y una tercera vendrá a descolocar a las dos primeras. Pero, eso sí, con mucho humor y algunas peleas.

En Estrógenos, de David Areces, se remueven todas las células, las hormonas sexuales de tres mujeres que son tremendamente inquietas, (ellas y las susodichas células), cada una con sus estimulaciones previas, cada una con su lucha interna. Pero desde la risa y el ritmo imprimido a la función, (función de los estrógenos y función teatral), desde la realidad y desde la frustración, desde la vida de cada una, individual y extrema, pero con experiencias más o
menos paralelas.

Beatriz Ros, Sonia Reig y Cristina Esteban, se encargan de encarnar estos tres personajes femeninos hasta la médula, que sufren, aman y sueñan. Lo hacen cargaditas de alcohol y de libido y de sensualidad a cuestas. Nos lo hacen pasar de maravilla, cantan, ríen, lloran, gesticulan, bailan, se interpelan, no paran quietas. Vamos de sorpresa en sorpresa. Que si una tía monja, que si un menàge a trois, que si una noche loca, que si al final una se queda a dos velas,… y nosotros riéndonos, porque está fenomenalmente contado, con desparpajo e ingenio, con interpretaciones maestras, de las desgracias ajenas.

La función de los estrógenos es múltiple y pretende despertar las ganas de orgasmos y pasión frenética, y esta función de teatro consigue que después de verla queramos recomendarla y volver a disfrutarla sin pereza.

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