El retablo del flautista

Hay grupos de teatro que no tienen como finalidad ser famosos, ni reconocidos, ni siquiera llegar a un gran número de espectadores. Lo que quieren es que les vean sus amigos, familiares, gente cercana.

Son personas que se agrupan, generalmente un día por semana, e intercambian una afición lo primero: el teatro. Después les une la amistad, las experiencias personales, el deseo de encontrar gente afín, que la vida no sea solo ir a trabajar, comer, dormir y poco más. Buscan otros alicientes en interpretar textos y personajes, en compartir momentos agradables con alguien que puede comprenderlos.

Siempre los hay que tienen más experiencia, que nunca han dejado de hacer teatro, que conocen autores y obras, que ponen su desbordada imaginación al servicio de la creatividad, porque, lógicamente, no tienen presupuesto suficiente.
¡Benditos sean estos grupos! que en Casas de Cultura, Colegios, Asociaciones, Parroquias, garajes, locales vacíos e, incluso, viviendas propias, se reúnen, ensayan, memorizan, interpretan, y muestran posteriormente el trabajo de todo un año y, normalmente, de formabien digna y atrayente.

Eso sucede con el grupo Ensayos que lleva funcionando en Carabanchel desde hace ya muchos años. Nació como grupo del Ampa de un colegio, “Grapa de teatro”, para ir evolucionando a otras compañías como “Érase una vez…”, “Disparate”,… hasta llegar al actual “Ensayos” que tiene su local de operaciones en la Sala Tarambana.

Después de mucho esfuerzo y requiebros, han conseguido estrenar El retablo del flautista de Jordi Teixidor, que en su día representó la mítica compañía “Tábano”. Con algunos recortes y una peculiar visión de las escenas nos ponen en tela de juicio los presupuestos destinados por los ayuntamientos para las campañas de desratización que existe en todas las ciudades.

Eso, en realidad, es solo el medio del que se vale el autor para denunciar algo tan, desgraciadamente, de actualidad: prevaricación, nepotismo, corrupción, represión, desviación de fondos públicos, comisiones ilegales, explotación,… porque el teatro, tanto profesional como aficionado, debe ser un vehículo vivo de denuncia social, de poesía, de arte, de cultura, de relaciones personales.

“Ensayos” ha representado en la Sala Tarambana por dos noches. Pero ahora les esperan otros escenarios, colegios, centros culturales,… todos esos sitios de los que salen estas agrupaciones a los que vuelven, porque sin teatro la vida no se entiende.

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