Cuando el río suena…

suena también la voz de Rozalén en escena,

nos habla, nos cuenta, nos canta,

nos lleva

por donde ella considera.

Y se vuelve a su aldea

a decirnos del Amor prohibido de sus padres,

de las historias del Hijo de su abuela,

de Hadas que existen y son princesas,

aunque tengan que dibujar Puertas violetas.

Durante dos horas y media, Vive, salta, juega,

Baila para ti, dice Tu Nombre aunque no lo sepa,

y aunque somos miles los que hemos venido a verla,

canta para mí y para ella,

para los dos, para todos, una vez, 80, doscientas,

y hace que con su voz y sus canciones veamos Girasoles y Dragones rojos,

hace que Volvamos a los Diecisiete, aunque tengamos cincuenta,

nos Come a besos, a versos, saltan chispas, encuentra a Justo,

y lo hace todo amando la Belleza.

Y Vuelves a pedirle que siga, que no se Baje del mundo, Ahora,

que Será mejor que siga siendo ella,

tal cual, Rozalén, emotiva, alegre, dicharachera,

artista, inmensa.

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