Relojes metidos en frascos pendientes de un hilo; un hielo derritiéndose. Una vuelta al pasado sin irnos muy lejos. Dos actores, el autor por medio. Diálogo frenético. La economía y la política vestidas de humor y acidez crítica, humor sano, humor del bueno.

Gorka: Necesito veinte euros.

Javier: Habrá que pintarlos.

Ozkar: Inventaremos un juego.

Gorka: Un juego de tiempos pretéritos.

Javier: Un juego de tiempos modernos.

Ozkar: Lanzaremos un órdago.

Gorka: Mejor hacemos teatro.

Javier: Si “Surge”, bueno.

Ozkar: Y si no, también. Lo hacemos.

Gorka: ¿Y cómo lo llamamos?

Javier: Como el metro. Antón Martín. Yo seré Javier Antón.

Gorka: Yo, Gorka Martín.

Ozkar: Y yo las Sinsorgadas y lo que se me ocurra, pero con desenfreno. Aunque también puedo ser un Galán apuesto que escriba este texto.

Javier: ¿No nos estrellaremos?

Gorka: Para nada, si  No hay más mus, mejor no juguemos.

Ozkar: Hablaremos del gobierno.

Javier: Eso era de Tip y Coll.

Gorka: Podemos parecernos. Tú eres el alto, yo soy el pequeño.

Ozkar: Pero no tendrá nada que ver, o sí, ya veremos.

Gorka: ¿Qué queremos? Que la gente se ría, pero que reflexionen también un momento.

Javier: Hablaremos de fundar un partido político que sea un partido entero.

Gorka: Y nos estrellaremos huevos en la cabeza, para decir que no tenemos miedo.

Javier: A lo mejor tenemos que pedir un crédito.

Ozkar: También lo meteremos en el guion.

Javier: ¿Y no vamos a meter sexo?

Gorka: Si lo metemos puede que no lo saquemos.

Ozkar: Todo es posible. Hay que lanzar el órdago y correr riesgos.

Los tres: Pues vamos a ello.

Y en la sala Tarambana, como quien no tiene conciencia ni subido el ego, representan esta obra con ritmo y sin desasosiego, haciendo reír al del traje azul y al rey emérito, al amigo y al obrero, al que no ve el fútbol y al que lee versos, al que se queda sentado y al que se va de paseo. Para reírnos a mandíbula batiente y de lo que, sencillamente, es cierto. Y, entretanto, se queda parado el tiempo y deshaciéndose el hielo. Ni más ni menos

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