Personajes errantes del mundo que desde el siglo XVII vais buscando un escenario. Calderón de la Barca que os creó no dejó que fuerais muriendo. Siempre seguís vagando. Y, tarde o temprano, ocupáis vuestro sitio en el espacio, que no es otro que El gran teatro del mundo cotidiano.

Los personajes se salen del escenario y buscan al autor. El Autor, que no tiene por qué creerse Dios, busca a un buen Director, el propio Mundo, para que no se le escape el asunto de las manos. Y así, van desfilando personajes que claman y lloran, que piden y buscan su sitio, que no quieren ser solo sombras, que reclaman su derecho a ser escuchados.

Y ahí entra en acción Bárbara Risso, que lee la obra con los ojos de ahora, con los sentimientos de ahora, con la preparación de ahora, sin restringir el verso de entonces, la filosofía de entonces, el espíritu teatral de entonces.

Los actores están calentando. Tienen que asumir desde el principio de los tiempos, desde el Génesis que van a ser criaturas escénicas pero en cuerpos vivos, latientes, sudorosos. Y uno serán dos, y todos interactuarán entre todos. Y el público también bajo los focos, porque ahí estamos todos.

El político, representado por el rey; el mendigo, menesteroso; la religión, puntillosa; la belleza, una top model cualquiera; el rico comerciante, despreciativo y ampuloso; el labrador, pobre hombre obrero y deseoso;… “obrar bien, que Dios es Dios” y Dios no es de todos.

Hay juego de movimiento, entradas y salidas de los personajes en sus roles, cuatro elementos simbólicos y… la palabra. El verso dicho sin ambages ni sin ser ampuloso. Cotidiano, de hoy en día, como si costara poco hablar en el lenguaje del barroco.

Los actores auténticos, Marta Hervás, Abel Ferris, Nuria Onetti, Lidia Galiana y Alejandro Marzal, se mimetizan en segundos y se entregan y no tienen que pedir perdón por hacerlo de un modo o de otro, al contrario que los personajes del Auto Sacramental que piden benevolencia y desdoro.

Es arriesgada la apuesta de Sphota!Teatro porque nos traen a nuestros días lo que nunca ha dejado de rodar por el mundo aunque no nos demos cuenta de ello. Porque en esos personajes estamos todos y otros que no son pocos, porque…

“No olvides que es comedia nuestra vida

y teatro de farsa el mundo todo

que muda el aparato por instantes

y que todos en él somos farsantes”.

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