Nombrar a Antonio Buero Vallejo es hacerlo con respeto. Con orgullo, con admiración, y también con cierto desencanto. Un autor de la talla de Buero no puede estar tanto tiempo sin pisar las tablas. Nuestros jóvenes deben conocerlo y que no sea solo un nombre pasajero en un libro de texto.

Sí, es verdad que es un hito. Sí es verdad que es un hito de nuestro teatro, no precisamente patriotero, aunque le tocara lidiar en tiempos funestos, en tiempos pretéritos donde fuera condenado y, posteriormente, absuelto.

Buero siempre se quedó escribiendo sobre las clases desfavorecidas, sobre los denostados, sobre los parias, sobre pordioseros. Por Dios, que pedían en las esquinas, cojos, mancos, ciegos, “un soñador para un pueblo”, “la historia de una escalera” que era la historia de un país venido a menos, cotilla y falto de expectativas, y de libertad, “la fundación” donde todo era falso, “el tragaluz”, donde enterrados en un sótano quedaban los restos de un naufragio de un pasado aciago.

Buero, un hombre bueno. Tuve la gran suerte de saludarlo una única vez con esa sonrisa de desconcierto, de quien ha pasado lo suyo y, aún así, logra sobreponerse no sin esfuerzo, no guarda rencor, pero sí quiere contar lo que está mal hecho, y lo que hay que denunciar sin medias lenguas, a pelo.

El concierto de san Ovidio, donde se ríen no de una discapacidad, sino del ridículo de aquellos que piensan que son desechos. Mario Gas, lee con su tacto, como los ciegos, una sensible puesta en escena, donde resuelve con acierto la escena más escabrosa, la de la muerte, y la más complicada, porque a nadie nos hace gracia lo que estamos viendo, aunque los personajes no dejen de hacerlo.

Alberto Iglesias, sobrio en su personaje principal, le pone el punto justo de amargura y desasosiego. Javivi Gil, atrae como un imán, así como Ricardo Moya, Lander Iglesias,… no podemos apartar la vista de ellos, y estupendo José Luis Alcobendas, como siempre, y Lucía Barrado, todo el elenco.

Buero estaría contento. Él, que nunca dejaba al desconcierto ni acotaciones ni detalles sin fundamento, tiene que estar entre los más visitados, como Valle, como Galdós, como Lorca, como Miller, como Pirandello.

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