Consentimiento. Con sentimiento. Con desgarrador sentimiento. Un tema escabroso y difícil. El de las violaciones y su defensa o condena. Subyace otro tema, que es de las relaciones personales, el de los engaños amorosos, el de quererse o no quererse, y el de las rencillas profesionales.

Todo desde una realidad reconocible, cercana, cotidiana, de a pie de calle. La autora, Nina Raine, maneja los diálogos con la soltura del que está hablando sabiendo lo que hace. Pero también indaga en el problema de si la justicia es justa o, como escribió León Felipe, “¿es un truco de pista, un pim pam pum de feria, un vocablo para distraer a los hombres y a los dioses?”. De eso se trata en muchos casos. Los abogados que afrontan los casos de violación, violencia, custodia, agresión,… lo que sea, juegan con los términos semánticos y los jurídicos. Quien conoce la ley, conoce la forma de burlarla. Y, si es necesario, se sacan trapos sucios o se ocultan pruebas, se le da la vuelta a las declaraciones hechas en un momento de insensatez, enajenación o impulsividad, y convierten a la víctima en provocadora y al agresor en chivo expiatorio. No hay derecho, no es justo, prima el triunfo profesional sobre las emociones y los sentimientos.

Hay o no hay Consentimiento. Ese es el juego. Y la tragedia. Y Magüi Mira ha sabido captar a la perfección la delgada línea que separa lo delictivo del oprobio, el accidente del delito. `No obstante, señoría, siempre hay un resquicio` por el que se escapa lo que se hizo y lo que se quiso hacer, la inocencia y el delito.

Además, a todo ello, le añadimos las dificultades de esas relaciones de parejas tortuosas y concesivas. De engaños dolosos y arrepentimientos fingidos. Junto con un vivir urbano rápido y una búsqueda de sí mismo. Vivimos en compartimentos cerrados de los que sacamos lo que nos interesa en el momento. Y también, esa vorágine del vivir medio crispados, apenas sin tiempo, solitarios y cada uno a lo suyo. De ahí, esas transiciones entre escenas que nos muestran un tortuoso estrés incomunicativo.

La directora no ha dado punzada sin hilo. Mantiene a los actores en escena para que no se desentiendan de lo que están sintiendo en vivo. Magníficos. Todos. Del primero al último. Aunque no hay últimos. Todos son, en su momento, grandes artífices de este texto real y verídico. Desgarradores, humanos, imperfectos, adversarios, amigos. David Lorente y María Morales, ten con ten crispado y subido, Jesús Noguero y Candela Peña, si tú me lo haces yo hago lo mismo, Pere Ponce y Clara Sanchis, solitarios y vencidos. Y Nieve de Medina, desolación y abismo.

La representación se hace corta, este estupendo montaje no se resuelve en un solo juicio.

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