“O estás conmigo, o estás contra mí”, pareciera decir el tema de este texto de David Mamet sobre el poder político y económico, sobre los favores debidos y la pleitesía necesaria, sobre odios y amistades fingidas. Al final, todo se reducirá a un “sálvese quien pueda”, a manejar los hilos de las marionetas que nos bailan el agua, hasta que nos damos cuenta de que los títeres podemos ser nosotros mismos.

José Sacristán vuelve a cambiar de registro, de piel, de psicología, e interpreta a un frío y calculador hombre de negocios. A un déspota aparentemente educado, a un solitario que consigue compañía y servicios gracias a su dinero. Y él lo sabe. Es consciente de ello y no le remuerde la conciencia. El mundo está a sus pies, y si tiene que pisotear a quien se le atraviesa en su camino, no dudará en hacerlo. Pero, hete aquí, que las tornas cambian. Que ahora será él, el que se vea arrinconado contra las cuerdas. Y aun así, no le temblará el pulso cuando tenga que tomar una decisión drástica de lobo acorralado.

En su rol de sumiso secretario Javier Godino le dará la réplica como está mandado, es decir, como el lacayo que ve peligrar su puesto de trabajo, que soportará vilipendios y halagos sabiendo que no es nadie, un cero a la izquierda. Hasta que tenga también que salvar su propio pellejo y se crezca.

Juan Carlos Rubio en la dirección será el testigo presencial y ejecutor del buen hacer de ambos actores. Tendrá que cuidar las formas, imprimir el ritmo necesario para que las conversaciones de teléfono no resulten tediosas. Hay que darles la intriga necesaria, el ardor imprescindible para que se mantenga la intriga de las trabas, trampas y dificultades que van poniendo al todopoderoso personaje de Sacristán.

Elegancia en los tres artistas, contundencia en el texto de Mamet, delicadeza en las formas para que la Muñeca de porcelana no se rompa y poder protegerla, aunque por esto precisamente, se descuide el propio flanco y se desmoronen los cimientos tan fuertemente construidos.

Nada es eterno, ningún imperio se mantiene como al principio, y solo el teatro sabrá darnos buena cuenta de los hechos ocurridos.

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