Hilos que entretejen una historia de persecución y distancia. De horror y soledad, y guerra, y penurias, incomprensión, injusticia, prisión, desesperanza.
Y aun así, nada impide que la vida intente brotar desde los vientres o desde las sonrisas. Desde el trabajo, desde la ilusión, desde una alegría escondida, pero que está ahí, agazapada.
Pepita, uno de los personajes de La voz dormida de Dulce Chacón, habla con el aire. Teje en su máquina de coser la historia de tela de araña que tendrá que romper para poder hacerle frente. Ya no puede estar por más tiempo callada. Hablar sirve para recordar, dice, y hay que sobrevivir para contarlo. Para que no se olvide, para que no haya más muertos sin que hayan hecho nada.

Porque hay que buscar la libertad con las palabras, ya no se puede tener la voz dormida. La libertad es meter los pies en los charcos y salpicar, y desmontar esa máquina de coser que impedía compartir el dolor, y que nos mantiene atados al pasado, un pasado del que no se tenía más culpa que pensar de una forma distinta a los que mandaban.
Hasta llegar aquí, hemos tenido que leer muchas cartas “llenas de mentiras con sabor a nadie”. Hemos tenido que superar el tiempo de silencio, o el tiempo de gritar para que nos oigan al otro lado de la reja, a golpes de redoble y paredón, a golpes de tortura y confesión, aunque no supiéramos nada. Siempre huyendo hacia adelante, escondiéndose del ¡ay! constante.
Cayetana Cabezas ha hecho la adaptación de esta sensible novela, en forma de monólogo descarnado, poniéndonos delante toda la verdad de las palabras de Dulce Chacón. Y sus personajes, aunque solo haya uno en escena, o dos, y así veamos todo el periodo posterior a la guerra, la tenacidad, la lucha, el desgarro, sin perder la ternura, la emoción, el deseo de que las cosas sean, por fin, de otra manera.
Laura Toledo cambia de tono y registro en función de en dónde está y el momento en que se encuentra, aparentemente de forma fácil, pero sintiendo en su piel y en sus gestos, en su actitud y en su sentimiento, esas presencias de hermana, novio, sobrina, vecina,… y ella misma intentado salir de ese tejido que le enreda y que tiene que romper casi a dentelladas, con la voz que le queda, y que hable claramente, bien despierta.

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