Lo habitual es que una carta dirigida al padre comience por… Querido padre… Sin embargo, Franz Kafka no podría utilizar ese término, aunque le quede el poso de quererlo o, por lo menos, de haber intentado quererlo.
Pero Franz Kafka se desnuda frente a ese padre autoritario para enseñarle las cicatrices que tiene sin haberlo golpeado nunca. Se desnuda emocionalmente. Impasible, el padre, fuma y escucha, se ríe, se reafirma en su actitud despreciativa y omnipotente. Solo hablará al final, para increpar a un hijo, que parece pusilánime, que se deje de persecuciones, soledades, desamparos y tristezas esquizoides. Solo la madre, que aparece casi como un retrato inerte, intenta comprenderle.
No es de extrañar que Kafka escribiera La Metamorfosis, por ejemplo, o esta Carta al padre que hoy nos trae versionada para teatro José Sanchis Sinisterra. La convierte en un juicio para que seamos nosotros, espectadores, los que determinemos la gravedad de las emociones. Y Víctor Boira y Jorge de las Heras, nos lo presentan con la conciencia bien despierta, con los recuerdos a flor de piel, con la angustia necesaria y el valor necesarios para decirle de viva voz lo que nunca se atreviera.

Jorge de las Heras, que interpreta al escritor, hace acopio de fuerza y resistencia, hasta que la voz del padre se hace manifiesta y se derrumba, porque sabe que aunque presente pruebas, no le servirá de nada, la sombra de la figura paterna es demasiado negra. Rafa Núñez da vida al padre, y emite su respuesta y se muestra como nos lo describe en su monólogo el escritor checo, despótico y despreciativo, pero en un intento humano de que su hijo aprenda.
Expresionismo y cuidada puesta en escena.  El jurado no dictaminará sentencia a favor o en contra de ninguno de los dos. Aplaudirá con vehemencia los alegatos muy bien declamados por ambas partes, y después, que cada uno apele a su conciencia.

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