Es de valientes, como el protagonista de esta historia, de gente que busca la luz, la verdad, el buen camino, como en el cuento/ópera de Mozart y Emanuel Schikaneder La Flauta Mágica.
Estoy hablando del Teatro San Pol y la Compañía La Bicicleta que desde hace más de 30 años ofrecen producciones teatrales de calidad pensando en los espectadores infantiles y en el público familiar.
Con La Flauta Mágica vuelven a apostar por todo lo dicho anteriormente. Yendo a su teatro uno se encuentra como en casa, apreciando y disfrutando de buenos argumentos, clásicos y actuales, de excelentes escenografías, solventes directores de escena, magníficas composiciones musicales, formados y profesionales actores que interpretan, cantan y bailan, y todo el personal de la sala, que acoge a los niños, padres y profesores con un calor y una delicadeza exquisitas.

Y ahí tenemos, por tanto, que esta ópera de argumento enrevesado, mítico y maravilloso, sobre la línea del bien y del mal, de la luz y de las sombras, con personajes dulces y malvados, cuento de hadas, trama fantástica, múltiples cuadros, personajes idílicos y soñados, y una música inigualable,… nos la acercan y la representan con desenfado, con mimo, como un regalo, con el cariño de un gran espectáculo, para que en la mente y en la sensibilidad de nuestros futuros espectadores se vaya forjando un acervo cultural, unos conocimientos necesarios, un gusto por el buen teatro.
Flauta mágica, teatro mágico sin trampa, con la experiencia y sabiduría de Ana María Boudeguer al frente de esta puesta en escena elegante, y una adaptación y versión cercanas del libreto de Julio Jaime Fischtel, siempre trabajando, y la dirección musical de Jaume Carreras, con Enrique Lestón, Edgar López, Begoña Álvarez, Anabel García, Carlos London y Víctor Benedé, que podrían estar interpretando en el Teatro Real, pero están en este entrañable, familiar y arraigado escenario.
 

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