Que la familia existe y está ahí para bien y para mal, nadie lo pone en duda. Que unas veces son una piña y no hay secretos para ellos, aunque a veces resulta incómodo, no se soslaya. Que otras veces surgen rencillas, peleas, desavenencias, desencuentros, también es cierto. Que la mayor parte del tiempo están muy encima de nosotros controlando lo que hacemos o lo que no hacemos, dándonos malos consejos. Que otras, desaparecen y nunca más se supo de ellos, no es tan peculiar ni tiene tanto misterio.
En El reencuentro de Ramón Paso, dos hermanas que hace veinte años que no se ven, tienen ese reencuentro, no deseado, casi obligado, que viene a perturbar la estabilidad de uno de los miembros (y no miembras, aunque sean mujeres). Y ya se sabe, que quien bien te quiere, te querrá asesinar.
Así comienza la obra, exagerada en ciertos aspectos, pero que es lo que le da la comicidad necesaria para ponernos sobre el escenario esos planteamientos previos. Es verdad que el personaje de Amparo Larrañaga, peleada con el mundo y con ella misma, es el detonante de ese accidentado reencuentro entre ella y su hermana, María Pujalte, que también tiene sus más y sus menos. Ambas actrices con unos registros cómicos y dramáticos, tremendos. Un auténtico duelo, a interpretación, tenedor y pistolas de fuego.

Entre las dos, con diálogos frescos y chispeantes, con situaciones alocadas, pero no totalmente absurdas, conociendo los antecedentes que nos van descubriendo, pasamos una hora y media de auténtico divertimento. Y ahí surgen, aparte de paranoias y excentricidades, el problema de las relaciones humanas y fraternas, lo que me hiciste y lo que no quisiste hacerlo, el cuidado de un familiar y dónde estabas tú cuando aquello, el desconocimiento de unos hechos, la ruptura de la tranquilidad y la necesidad de tener a alguien que con quien meternos.
Gabriel Olivares, ya maestro en la tarea de dirigir espectáculos con desenfreno, pone en pie una comedia sin grietas, aunque al final haya un terrible agujero, mueve a las actrices con el cariño de un director paterno y junto con el autor y las intérpretes nos traen esta comedia que si no es de enredo, tiene visos de intriga, de confusión, de hilarantes momentos,  de infidelidades y cuernos, de vertiginoso ritmo y de ternura de dos corazones maltrechos.
Un reencuentro de llevarse a matar (de risa). Pues eso.

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