Insisto y no me cansaré de intentar sensibilizar a las nuevas generaciones de la necesidad de acudir y de ver teatro. Hoy he tenido la suerte de poder llevar a mis alumnos de 1º y 2º de la ESO a una sala que tenemos cerquita del instituto (Sala Tarambana) y que nos ofrece su infraestructura y su programación con el cariño de los buenos teatreros.
Han puesto en escena, para nosotros, JOB, una idea de Daniel Llull que también interpreta a todos los personajes que salen en el argumento. Lo hace a través de máscaras, proveniente de la técnica y estudio de la Comedia del Arte Italiana, donde los personajes tipos se representaban en función de sus rasgos psicológicos y sus oficios.
Y de oficios va el tema. Aunque la edad de los espectadores es todavía muy ingenua, por denominarla de alguna manera, y el mundo laboral y del trabajo les queda lejos, no están aislados, y comprenden que la situación económica y laboral, la búsqueda de empleo, la conservación del que tenemos, lo que queremos llegar a hacer en nuestra vida profesional llegado el momento, es algo de lo que no están ajenos.

Daniel Llull con desparpajo de bufón, de cómico de la legua, de monologuista camaleónico, nos presenta diversos personajes que harán reír y cuestionarse al público ciertas reivindicaciones, ciertas injusticias, desencuentros, dificultades, miedos, abusos, que suceden cada día en los diferentes empleos.
Así, tendremos al que busca desesperadamente un trabajo y tiene que enfrentarse a miles como él en su misma situación, al obrero un poco agresivo y sindicalista insatisfecho de su sueldo y de sus condiciones laborales, al explotado por exceso de funciones, al jubilado que no quiere retirarse por entero, al político que todo lo ve fácil, pero, sobre todo, mira por encima del hombro de su ego.
Y siempre, presidiendo, la escena, una especie de monstruo, impersonal, un poco inhumano, cuadriculado, oscuro, sin sentimientos, el empleador, la empresa, el trabajo en sí mismo hecho ser vivo, aunque esté quieto.
Los chavales han disfrutado, creo. Pero, sobre todo, han podido ver, en vivo y en directo, cómo se monta un espectáculo de teatro, cómo un actor puede meterse en la piel de varios personajes, cambiar las voces, el registro corporal,  y contarnos algo nuestro.
También, después, al finalizar, la cercanía de Daniel Llull charlando y respondiendo a las preguntas de los chicos ha hecho que todos saliéramos plenamente satisfechos.

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