Valle Inclán estaría orgulloso de este montaje de Ligazón. En realidad, de todas las representaciones del Retablo de la Avaricia, la Lujuria y la Muerte que ha llevado a cabo Irina Kouberskaya en el Teatro Tribueñe.
Aunque, posiblemente, a Valle le diera igual la elegancia, Irina viste sus textos elegantemente. Y, aunque a Valle le daría lo mismo, la representación simbólica de sus obras, no tendría más remedio que mesarse las barbas, disimular un rictus sonriente y sentirse plenamente satisfecho de ver en pie estos sus textos de forma convincente.

Quizá, Valle, en algún momento pensaría que escribía para mentes ínfimas o poco preparadas, que no entenderían sus metáforas y sinécdoques, su avaricia, su lujuria, su muerte, el escabroso vivir de sus personajes, las situaciones límite, las vísceras del oscurantismo, la nigromancia de lo que puede suceder.

Pero Irina no lo trata de tú, sino de usted, como corresponde. Con todo el respeto que requiere. Y en Ligazón la directora también se corta la piel para que su sangre se fusione con el autor, para que haya una unión perenne.
Y los actores lo entienden así, Catarina de Azcárate, Miguel Pérez-Muñoz, Chelo Vivares, Mª Luisa García Budí, Ángel Casas, se desviven, sufren, le dan la vuelta a la epidermis de sus interpretaciones y nos muestran esos entresijos de los grandes actores.
Ligazón para nuestro deleite. Ligazón para vincularnos a don Ramón. Ligazón para no despegarnos de Tribueñe.
 
 

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