DEMONIOs
Es un cuadrilátero. Un ring de boxeo, aunque pueda parecer una alfombra blanca. Un espacio cerrado y delimitado por unas turbulentas relaciones. Amor y odio. Dependencia y libertad. Sometimiento, degradación, alternancia de poder. Unas veces se golpea y otras se reciben los golpes.

Ni la pareja supuestamente libre de vivir su vida, ni la otra pareja a expensas del cuidado de los hijos, consiguen ser lineales en su comportamiento, sentimientos, deseos, fantasías, intimidad,…
Cada uno lleva su Demonio dentro. Pero en este caso no valdrá exorcizarlo. Lo intentan  cada día, y cada noche les sale la inhumanidad, lo malévolo, la superstición, la posesión de un ente que se ha apoderado de las mentes de los personajes. Pero no literalmente, esos Demonios son los de unas relaciones que se han venido abajo, Demonios de la incomunicación, Demonios de las humillaciones, de la soledad, de la agresividad y la sexualidad reprimida, del orden, de lo cotidiano, de la rutina que ya no se soporta, de las convenciones sociales.
Lars Norén, el autor, escribe un texto duro y dramático, dotando a sus personajes de cierta esquizofrenia, pasando de tener una relación más o menos estable y aparentemente civilizada a mostrarse insensibles y desinhibidos, por fin liberados de sus ataduras psicológicas.
Julián Fuentes Reta dirige notablemente a Paola Matienzo, Alberto Berzal, David Boceta y Ruth Díaz, los hace salir de la penumbra para mostrarse desnudos y salvajes, cubiertos de cenizas, impotentemente insatisfechos, buscando un deseo que los libere aunque sea a base de crueldad, y dejándoles marcados un trabajo corporal de gran esfuerzo necesario para sacar los espumarajos demoníacos que llevan dentro.
Ahora en el teatro Galileo. No es una obra fácil, ni siquiera para los espectadores, que intentaremos comprender a cada uno de los personajes y de todos ellos veremos lo bueno y lo malo, como si pensáramos en nosotros mismos, nada menos.

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