ivan
Javier de Dios procede de la enseñanza. Conoce bien lo que se gestiona, lo que pasa, lo que mueve a alumnos y profesores, las inquietudes de unos y de otros,… Lo cuenta como testigo de primera mano. Pero también es hombre de teatro y le da el ritmo adecuado, entiende las emociones, las escenas, los personajes, sabe de lo que habla.
En la historia de Iván saca a relucir unas relaciones cotidianas, habituales, diarias. Y nos cuenta la frustración de cada uno de los personajes. Aunque parece centrarse en la del alumno protagonista, ahí encontramos un cruce de sentimientos fieramente humanos, tensiones acumuladas, sueños rotos, realidades apagadas.

Iván, (Hugo Guerrero), siente que ya nada es lo mismo, que se hace mayor, que le falta la protección de la madre y el padre le engaña. Teme enfrentarse a un futuro inmediato sin garantías de éxito. Su novia Luna (Laura Sopeña), vive en un mundo de fantasía, ajena a lo que pasa, aún tiene que madurar y no entiende lo que trastorna a Iván. Álvaro, el padre, (Juanma López), se encuentra solo, sin trabajo, en una edad sin ganas de seguir luchando, culpándose a sí mismo. Exige a su hijo pero él está igual de hundido, ha tirado la toalla. La profesora Marta (Susana G. Burgos), sabe que algo ocurre, pero tiene miedo también a encontrarse con algo que le absorba demasiado la emoción, solo quiere enseñar y aunque no quiere quitarse el problema de encima así como así, tampoco quiere verse implicada psicológicamente, está cansada. El jefe de estudios, (Julián L. Montero), pretende hacer la vista gorda, no le conviene ni a él ni al centro verse en un conflicto cotidiano, que se da muy a menudo, y que, según él, no es para tanto. Una historia de todos los días, una serie de fracasos que se entrecruzan y hacen del texto un verdadero drama teatral. Los actores, todos, muy en su rol, espléndidos, creíbles, reales.
Quizás, a mí, me hubiera gustado llevar las cosas más al límite. Haber tensado más la cuerda. Cuando la primera frase de la obra es “vengo a denunciar a mi hijo”, me esperaba unos acontecimientos más trágicos, y aunque lo que ocurre es certero y dramático, un punto más allá de lo esperado, más intenso, que me hubiera removido las tripas por dentro, aun siendo también más excepcional es lo que estaba aguardando.
De cualquier manera, en el pequeño espacio de la Sala Tú, sin apenas elementos escenográficos, con tan solo la presencia conmovedora de los actores, asistimos a una función de buen teatro.

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