LA-JAULA-DE-GRILLOS
Los grillos cantan mejor que las cigarras. Porque las cigarras son muy serias y a los grillos les gusta la diversión, brincar, los bailes, por supuesto cantar, disfrazarse, hacerse pasar por mariposas, ver la vida desde un punto de vista multicolor porque bastante negra es ya la vida, como para andarse con rivalidades con las hormigas.
En esta Jaula de Grillos, no les faltan esas ganas de espectáculo, de llamada de atención, aunque no exenta de sensibilidad y, desde luego, de buenas coreografías, excelentes voces y variado vestuario.
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El argumento de la obra, el hijo de una pareja de homosexuales que decide casarse con la hija de un político más bien inmovilista y conservador, presenta a sus futuros suegros a los que han ejercido su tutela hasta ahora, con el consecuente asombro y encontronazos de parejas tan divergentes, queda diluido en una excusa para ver los números musicales.
Estos sí son poderosos y potentes. Bien interpretados y coordinados, ágiles, con temas conocidos por todos e intentando la implicación del público. Podemos escuchar, contemplar y disfrutar lo mismo de sabores latinos, que de una pieza alocada de música clásica, música disco, claqué, conga, baladas, pop,…
José Saiz, que interpreta y dirige la función, lo hace con humor, y aquí lo que importa es el cabaret en sí mismo. Que la gente coree, que se vea inmerso en el color, en las lentejuelas, en las plumas, en el ritmo. Le acompañan con unas estupendas voces, Alberto Vázquez, Jose R. Saiz, Miguel Mateo, Edgar Moreno,…
Las versiones de las canciones en su traducción están muy bien adaptadas, y la música suena de maravilla. Con unas coreografías de Lina Martínez limpias, sencillas y perfectamente ejecutadas.
Una Jaula de grillos es cuando hay mucho alboroto y donde no es posible que las personas se pongan de acuerdo. Sin embargo, en esta que se representa ahora en el teatro Amaya de Madrid hay jaleo, sí, pero bien ensayado, con las voces bien acompasadas, con un no parar de números musicales, con libertad expresiva y el público, al final, se pone de acuerdo para aplaudirlo con ganas.

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