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La amistad de toda la vida. Esa amistad que hace que comprendamos a nuestros amigos aunque lo que hagan o digan no esté en consonancia con nuestra forma de ser o de pensar. Porque lo más sagrado es la amistad por encima de todo.
Esa podría ser la premisa y, sin embargo, las cosas no son tan sencillas. Aun entre amigos de siempre, se ocultan secretos, parece que conocemos a nuestro amigo y siempre nos sorprende con una reacción nueva e imprevisible.
De eso trata La Partida. De eso y de muchas otras ideas atrapadas en el subconsciente. La cuestión está en que se necesitan. Porque si no, la soledad sería peor. Por eso la excusa es esa partida que cada mes hace que se citen y se cuenten sus cuitas. Pero siempre se oculta algo, y se desea a alguien, y se callan cosas, y se dicen otras que quizás no habría que haberlas dicho.
Óscar Sanz Cabrera firma el libreto y la dirección de esta comedia de nuestros cotidianos días. Tres tipos diferentes, tres formas de entender la vida. Tres realidades humanas tratadas con humor para quitar hierro a asuntos que tienen su enjundia. Lógicamente, hay exageración, un poco de parodia, un llevar al límite esas situaciones que en la relación real habría hecho aguas enseguida. Pero estos amigos se necesitan, y por eso se encuentran, y se critican, y se ayudan, y se intentan quitar la novia, y se mienten, y se echan a la cara lo que no les gusta.
Jorge Cabrera, Juan López Tagle y Alfonso Mendiguchía también se complementan. Llevan al límite su interpretación, pero sin histrionismos, haciendo alarde de buen oficio. Guardan los silencios oportunos, las miradas, si es necesario, la exageración, el sentimiento interno que dejan traslucir en los momentos más delicados. Como buenos amigos. Al final nadie ganará la partida, no porque las cartas estén marcadas y hagan trampas, sino porque lo apuestan todo en el juego de la vida. Por eso juegan con garbanzos, para poder subsistir cada día.

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