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La necesidad acaba acarreando echar de menos. A veces se necesita algo innecesario y otras, la necesidad es imperiosa e imponderable. Pero siempre, a la postre, se echará de menos algo, por mínimo, por vacuo, por lejano, por vivido, por importante, por dependencia,… y de todo eso trata La Necesidad del Náufrago.
Vivimos en comunidad, rodeados de amigos, con familia, vecinos,… pero, en realidad, sobrevivimos, somos como náufragos en una isla demasiado habitada.
Y, por lo tanto, se dan situaciones dramáticas, cómicas, absurdas, impensables, cotidianas, extraordinarias, difíciles, sencillas.
Pablo Canosales escribe y dirige un número considerable de pequeñas historias que tratan, y no superficialmente, sobre diversos temas que “necesariamente” revierten en esa necesidad, valga la redundancia, del náufrago de ser escuchado.
Desde el que “necesita” que le canten cumpleaños feliz o se volverá agresivo (Boris Vian), pasando por el sexo no previsto y “necesario” (Sexo), las equivocaciones (Crédito), hablar de lo que se desconoce pero se supone (Guerras y matices), encontrarse solos en medio de una multitud en la que pasas desapercibido (Buenos días), la imaginación llevada a la realidad (El francotirador), o las situaciones comprometidas (De verano), por nombrar solo algunas de esas historias.
Los actores, interpretando diversos y múltiples personajes se entregan con fervor en ese juego. Javier Prieto, Víctor Nacarino, Carmen Valverde y Diego Cabarcos, nos hacen disfrutar y necesitarlos.
La obra se hace ágil y amena, divertida y trascendente, nada de ligera, al contrario, te deja las mini historias abiertas para que seamos nosotros los que saquemos las conclusiones oportunas, si fuera necesario.
Buen teatro, de actores, de texto, de dirección, y de escenografía movible y necesaria como la obra, “necesaria”, de las que de vez en cuando, también se echan de menos.

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