la-cocina
Ahora que se lleva mucho eso de que los restaurantes tengan sus cocinas con grandes cristaleras para que veamos lo que se cuece en ellas, adentrarnos en esta cocina del teatro Valle Inclán es, incluso, suprimir ese gran escaparate y participar de su actividad frenética.
Prescindiendo del tradicional escenario a la italiana, nos encontramos una gran cocina en el centro justo de la sala. Algunos tenemos que atravesarla para pasar al otro lado. Allí están las encimeras, ollas, cacerolas, platos, cubertería, fogones,… absolutamente todo lo que compone una gran cocina de un gran restaurante.
Y van entrando los actores que interpretan a cocineros, pinches, camareros, maître,… y comienza la faena. Y con ella, poco a poco, el ritmo, las conversaciones más o menos trascendentales, las rencillas, las relaciones, y la tensión. Y el movimiento. Es una obra donde los intérpretes no paran de hacer cosas, no paran de trabajar, de ir de un sitio a otro, de ganarse el pan con el sudor de su frente. Y van surgiendo los conflictos de procedencia, de odios marcados por una reciente guerra, la segunda guerra mundial, como para mostrarnos que la cocina es un gran hervidero del mundo, que lo que pasa fuera se refleja entre encimeras y perolos.
Asombroso el ritmo que Sergio Peris-Mencheta, el director, imprime a la obra. Solo nos da un poco de tregua cuando, de repente, el tiempo se detiene, como para mostrarnos el interior del mundo de cada personaje, o cuando hablan de los sueños. Sueños que pueden ser realidades concretas o pesadillas. En La cocina de Arnold Wesker, hay cabida para sentimientos, para la tensión del momento, para la angustia de unas vidas que tienen que subsistir a base de esfuerzo sin dar apenas tregua.
Los actores, 26 nada menos, magníficos todos. No hay un protagonista concreto. Todos tienen su importancia para que la cadena no se rompa y salgan los platos como es debido. Paloma Porcel, Javivi del Valle, Mario Tardón, Silvia Abascal, Almudena Cid, Roberto Álvarez, Luis Zahera, Víctor Duplá… por nombrar a unos cuantos. Una auténtica plantilla de estupendos trabajadores/actores.
Ya están los fuegos ardiendo, los cuchillos afilados, los uniformes impecables, los platos saliendo,… Alta cocina teatral esta del Centro Dramático Nacional, reserven asiento.

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