goodbye-espana
Cuando les doy a analizar un texto a mis alumnos para su comentario, siempre les pregunto por el tema y el asunto. Son cosas distintas, pero relacionadas. El tema será ese concepto más o menos abstracto que lleva en su interior el texto abordado. Y el asunto será aquello de lo que se habla en ese mismo texto.
En el caso de Goodbye España, el tema sería algo así como Los desastres de la guerra, La guerra que afecta a todos, o como el propio subtítulo de la obra reza: El amor en tiempos de guerra. Aunque ahí ya nos metemos en el asunto.
Lo que se nos cuenta en este montaje teatral y musical es una historia de amor. En realidad, tres historias de amor. La de la madre que va a buscar al hijo. La del hijo que se encuentra con el primer amor de su vida. La de la madre que, a su vez, encuentra otro amor que le comprende. Y después otras ideas subyacentes. La soledad del soldado sin patria ni bandera. La de la solidaridad con un país que ve cercenada su libertad. La de la lucha por unos valores que se pueden perder. La del riesgo, defensa y convicción de una ideología. La desfragmentación de intereses políticos en una misma familia. La del cobijo y necesidad de las personas en agruparse por afinidades y sentirse queridos. Y la de la memoria histórica, y la de la lucha por una causa comprometida,…
Y nos lo cuentan y nos lo cantan. Sin muchos medios, de forma sencilla, pero efectiva. Tres músicos en directo, dirigidos por Gabriel Martínez. Y siete actores que interpretan hablando y cantando. Con tan solo unos cubos por medio, y el apoyo esporádico de alguna imagen. Daniel Acebes firma la traducción, la adaptación y la dirección escénica además de representar a uno de los personajes. El libreto es autoría de Judith Johnson y, al parecer, está basado en testimonios y hechos reales. ¡Debió haber tantas historias de seres humanos sufriendo y entregándose!
Amor, libertad, guerras, soledad, encuentros, pérdidas irremediables, sufrimiento, descubrimientos,…
De eso trata Goodbye España. De la Guerra Civil española, digámoslo sin miedo. Hay que hablar de ella. O cantarla. Que no se nos olvide. Porque son necesarios estos recuerdos y es importante que vivan.

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